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domingo, 20 de agosto de 2017

The Leftovers.

La memoria o la vida.

El 9 es un número mágico, con él puede suceder cualquier circunstancia, es semejante a un planeta que ejecuta un baile helicoidal, alargando su brazo o estela. Es tan sorprendente que, incluso, haría que un Sistema Solar se posicionara de manera indeterminada y cuya novena Megatierra se hubiera lanzado a un viaje casi infinito, lejos de nuestra estrella.
Desde los primeros sucesos, hasta el infinito emocional comprendido en el 8, sólo nos queda dar el último paso para que todo esto acabe... Pero, por favor, no corras demasiado e intenta fumar menos, papá. Puede que estemos sólo al comienzo de algo mayor o incomprensible...

Aunque no tanto, como correspondería a las postreras miradas de un director como David Lynch y sus universos paralelos o ángulos moribundos... Si hay que elegir alguna extravagancia artística o surrealista, o pensamiento imaginativo, podrás acercarte a las diferentes definiciones y sensaciones, que comprenden la profundidad de esta serie llamada The Leftovers. De cuyos significados me quedo con ´vestigios` o restos de un naufragio universal.
Porque lo retratado en la superficie serían imágenes guardadas de recuerdos o, quizás, nuevas revelaciones... ¿quién sabe? Mientras recorremos fascinados, la increíble singularidad de una población imbuida en la sociedad texana y las circunstancias que se asemejan ciertamente con nuestra actualidad.
Conceptualmente se unen las mentes de dos artistas, a través de los textos elaborados por el novelista Tom Perrotta, que según tengo entendido, están bastante más extendidos y descriptivos para la presentación de los personajes por el gran creador, Damon Lindelof.

Ellos son los sheriff en la sombra, los observadores y demiurgos, subyacentes en todas las desapariciones pasadas y futuras. No me digan que, no es realmente parecido a la pérdida causada por manos oscuras, que sustraen a vecinos de sus familias y amigos... Por otro lado, Mr. Lindelof de hecho, ya se zambulló en las aguas turbulentas y oníricas, de aquella tierra aislada y violenta de Lost, que mis ojos pasaron por alto y nunca conocieron, salvo referencias. Al margen de tener la autoría en el guion de películas dudosas, como Cowboys vs. Aliens, Prometheus o Guerra Mundial Z (sin yo recordarlo ni desearlo) y algunas otras, acertadas narrativamente como Star Treck Into Darkness, Tomorrowland o, un interesante proyecto de serie escrita para la HBO... con el título de los reconocidos ¡Watchmen! Te suena, ¿no? Pues, ya estamos presentados... vigilantes de la paralela galaxia gráfica. Aquí una parada y recuerdo luctuoso para la figura del gran Alfonso Azpiri y sus sueños eróticos, ilustrador de cómics y videojuegos como Abu Simbel o el Guillermo de La Abadía del Crimen. D.e.p.


Pero volviendo a las desapariciones dramáticas de la genial The Leftovers, su creador Damon se siente profundamente atraído (como muchos otros) por las reacciones humanas desprendidas de ciertos hechos inexplicables o inimaginables. Con telón de fondo, para una fuerza oscura y todopoderosa, o cualquier otro aspecto que se nos escapase de las manos, de nuestra humilde comprensión.
Los diálogos entre sus personajes, demuestran la frialdad del hecho, una presentación con cierta distancia al principio de todo, el impacto, las sensaciones del interior, el extravío... el dolor gangrenado que va creciendo en el interior.

Los extraños movimientos que realizan, perdidos, y posteriormente, la degradación de las relaciones sociales. Porque son los restos de la tripulación, sin timón, que irán saltando entre emociones para ir encontrando el sentido, o no, ante el horizonte de la pequeña pantalla. Si un presente, como otros pecadores aún no familiarizados con el hecho, desaprovecharon la ocasión de acercarse a ellos, The Leftovers, pero, con más agilidad y premura.
Bueno, aquí estoy, pegado a las circunstancias indescriptibles, a los pensamientos impronunciables, a los acontecimientos rodeados de incertidumbres... a la vida o la muerte. Descubriendo las consecuencias de un día negro, aquella jornada infausta o de una revolución invisible. ¿Me escuchas...?

Algo terrible que se precipita de repente e invade nuestras mentes alienadas y que se apresura para ir barriendo nuestros recuerdos... los suyos especialmente familiares, como poderosas olas de un océano embravecido que se elevan ante el vacío. La idea de una muerte segura.
Así que, en primer lugar, reconciliarme con el creador Lindelof y su fuente imaginativa, con los protagonistas cambiantes, ante los que debo pedir perdón por la tardanza. Como a mis lectores (si quedara alguno sin desaparecer), por no haber entrado en esta fantasía filosófica, mucho antes, y sumergirme en esta profunda y magnífica serie titulada The Leftovers, con todas sus variantes emotivas y universales. Por no haber revuelto entre sus desechos o sobras emocionales, a tiempo, e intentar desentrañar los motivos que subyacen en los distintos comportamientos de los principales roles. Incluso de los menos protagonistas, que añaden con fuerza, su impacto visual y conceptual, igualmente.

Muchos son protagonistas inciertos, retales de vidas incompletas, manifestadas por la pérdida, investigadas con carácter individual o en extrañas relaciones. Son sectarios, sin empatía, seguidores de algún tipo de conjunción astral o grupal, con silenciosas intenciones. Reuniones blancas, habitantes observadores, neutros o esperando activarse. Son víctimas o verdugos, apareciendo como mártires... Sin comunicación grandilocuente, mas por apuntes, casi sin sentido. Rostros de excesiva seriedad, interesados en fisgoneo, atracción por la nicotina y otras operaciones desconocidas, dolor ante la separación de seres queridos... ¿vengativos?¿Te imaginas?, somos nosotros, seres humanos indefensos o temerosos por las vidas de nuestras familias o amistades. Simples, retales o The Leftovers.

Mientras, del otro lado de esta frontera invisible y silenciosa, se hallan individuos con aparente normalidad, no tanto el comportamiento grupal. Políticos frente a la masa, madres e hijas separadas, sobras emocionales sobre la mesa familiar, amig@s hambrientos, seres deformados, extraños amantes, maltratadores, protectores de la ley o no. Cazadores de vidas e historias, mascotas solitarias, vecinos vigilados, asesinos, depredadores... Lo que ocurre es que, esas apariencias visuales suelen engañar. No hacen más que repetirlo los ´loritos` ideológicos y circunstanciales de las redes sociales, de los medios interesados... aunque en muchas ocasiones sea, muy cierto.

Transcurren los capítulos, semejantes a fantasmas que se desvanecen en el aire y vuelven a unirse más allá, para destacar en la sensibilidad oculta o la falta de ella. ¿Oiremos, sus voces, de nueve en nueve? En algunas reuniones blancas, no ruidosas como dije, alrededor de un papel, se producen aserciones o conjuras secretas. Girando siempre alrededor en espiral, como mis mejores sueños, los tuyos también, o nuestras peores pesadillas. Intentas mantenerte firme ante el torbellino de los sucesos desafortunados, inexplicables con esa conciencia libre, ante la crítica o la reprimenda social, los malos modos y la violencia. Pero no lo consigues del todo, naufragas.
Pues, normalmente, las diferentes historias que se cuentan (aparentemente inconexas o bajo el humo), te devuelven a la realidad a base de golpes, de palabras intoxicadas o imprecaciones furiosas... como habitualmente. Leyes de fuertes que terminan con sangre. Más, siempre...

En The Leftovers, el acecho de una repetición nos sobreviene, una y otra vez, como el sufrimiento programado. Pero, una vez estás bien instalado (no acomodado jamás) dentro de esta vorágine, ya no habrá nada ni nadie que te saque de esta serie y sus significados ocultos. Y eso que es complicado comentarlo con alguien o sugerir su visionado. Yo, no seré...
Ahora, si eres capaz de sentir algo distinto, nunca te decepcionarás. A partir de acercarte a este cuadro costumbrista, a la confusión de un instante de duda o pregunta existencial, encontrarás respuestas con toques imaginativos, con frases conceptuales o su mirada idealizada del universo antiguo, al estilo maniqueista de las religiones.
Una rara concepción de la división del bien y el mal, entre elegidos y simples oyentes, atraídos por la pasión, por los placeres mundanos o los denominados pecados... alcanzando el conocimiento más elevado posible. La idea de un dios vengativo, onmipresente, u otra cosa desconocida.

Indagando en los restos del naufragio...

Los llamados vestigios son los personajes y su memoria congelada, están marcados por la constante desvirtualización de un yo que desaparece, ideológico o romántico. Cambiado por algo más abstracto y desconocido, desconectado de la realidad. Tal que la mente separada del cuerpo, en el instante más importante, cuando la idea de la carne se olvida y surge otra concepción, que no controlamos ni vemos.
El espectador se emociona con ellos, por la intención de acercarnos al dolor, lo trágico de la pérdida injusta, mientra otro sensacionalismo emotivo, grupal o familiar, va impregnando la sociedad, aquello que conocemos como humanidad... o falsa sensiblería. Te acercas y observas sus pasos inconexos, como se desprenden de los despojos circunstanciales, para quedarse en silencio. De la suciedad que invaden la relaciones humanas, de palabras necias. Blanqueados y ahumados, para siempre.


Hallamos, uno a uno, emociones de actores que nos confunden, con altas capacidades para aparecer en sueños y pesadillas, jóvenes y maduros, con aptitudes para la representación sectaria, como una madre apócrifa interpretada por Amy Brenneman (Casper, Heat), una casi desaparecida Liv Tyler entregada a media en su compromiso grupal, o las miradas desafiantes o frías,de rostros no tan conocidos como Marceline Hugot (United 93), un gigantesco Christopher Eccleston (G.I. Joe, Thor: El Mundo Oscuro) moviéndose entre dos secciones enfrentadas, la razón y la fe, siempre entre emociones. Michael Gaston (Lejos del Cielo, El Puente de los Espías) terriblemente frío ante el sacrificio, un incomprensible cazador de momento, la indefinible jefa Ann Dowd (Captain Fantastic, Norman) con su gesto impertérrito y carácter indómito, o incluso, la presencia secreta y celebrada del mismo, Peter Berg. Uno de los principales jueces, voyeurs tras la cámara. Son todos los que amenazan con desmigajar esta sociedad de escombros, marginales en bandos opuestos... descentrados o tocados por una enseñanza prohibida. Uno alterado y otro calmado, desaprensivo, vigilante, con un volcán sofocado en su interior.
Mientras, el dedo acusador frente al otro prensil, se hace cada vez más visible, sujetando el arma, que aferra el lápiz, que sostiene la piedra, que roba la inocencia, que borra el amor, que protesta o... recuerda.

En estos momentos angustiosos que vivimos, de desorden social y político, de desaveniencia emotiva, de malestar generalizado, de desapariciones irresolutas... convencer con silencios es una auténtica apuesta perdedora.
Sin embargo, sus dos creadores han confiado en un grupo de directores, encabezados por Peter Berg, Carl Franklin y Mimi Leder, a los que sumamos miradas habituales de otras series televisivas como Daniel Sackheim, Keith Gordon, Lesli Linka Glatter o Michelle McLaren, con sus desconexiones metafísicas y encuentros abstractos. Sus poderosas resoluciones e imágenes, se han introducido en nuestras mentes al igual que lo haría un secreto inconfesable. Algo que no puede ser identificado, visto o entendido, ni tan siquiera escrito en el viento.
Mas, produce una inmensa tormenta de emociones o sentimientos encontrados, desde el otro lado, en la realidad paralela. Desentrañando la vida familiar y ´pacífica`, esa incontinencia verbal o sexual, los sueños inconfesables, los golpes físicos... Donde emerge un grupo de actores guiados por su jefe de policía, interpretado por la omnipresencia del actor de Washington, Justin Theroux. El futuro de Justin, se erige en Mute dirigida por Duncan Jones, en cambio, pondrá voz al personaje de Ninjago La Lego Película o una serie titulada Maniac dirigida por el siempre interesante Cary Fukunaga, junto a Jonah Hill y Emma Stone.


De la mano, o no, de la mente dividida de sus hijos en la serie, Chris Zylka (The Amazing Spiderman) que participa en el próximo filme de Xavier Dolan, The Death & Life of John F. Donovan, y la dualidad de Margaret Qualley, apuntando a notables y atractivos retos profesionales con el protagonismo en Death Note, quizá un nuevo Chris Pratt (o Chris Pine) y una laberíntica jovencita semejante a aquella Jennifer Conelly o una Cristina Ricci en sus comienzos.
En siguientes episodios, comprobarás el mundo insospechado tras la amante imperfecta guiada por una sufrida Carrie Coon, próxima protagonista en Widows de Steve McQueen o The Papers de Steven Spielberg, la ayuda de los hermanos Carver, Max y Charlie, una alcaldesa poco fiable interpretada por Amanda Warren (7 Psicópatas, Madre!), la sorprendente Emily Meade como una sugerente fotocopia de aquella Mena Suvari de American Beauty con sugerencias sexuales y matices oscuros o, la enseñanza impertérrita, envolvente y descomunal de un actor como Scott Glenn. Siempre presente en nuestro sueños cinéfilos desde Nashville o en pesadillas bélicas como Apocalipsis Now, espaciales en The Right Stuff e imborrables, tras el Jack Crawford de Silence of the Lamp. Un actor que convence en cada escena atrayendo todos los ojos de los espectadores y admiradores televisivos. Nos acercamos a ese noveno pasajero... tras las preguntas...

¿Qué ocurre cuando desaparecemos? ¿Alguien se preocupa por nosotros, hasta cuándo?
Son preguntas sin respuesta efectiva ni relatada, son fotografías fantasmales del pasado. Al menos, durante la realidad salvaje del día a día... Sobre todo, por que aquel que se va, nunca vuelve ni se sabe más de él/ella, son sombras conocidas y emocionantes, que se quedan flotando en la memoria, hasta que ésta desaparece definitivamente, en el día de tu propio juicio o la nada.
La pérdida es el motor que nos mantiene de pie, se revoluciona con la juventud y descansa luego, pues las ramificaciones sociales o emocionales, mantienen vivos los recuerdos. Y, la necesidad de un ser querido, que jamás termina de marcharse del todo a pesar de los años y esa pátina producida en las viejas fotos... Ahora mismo, menos aún, con las múltiples referencias que se podrían encontrar en nuestras conexiones informáticas, dudosas, virtuales. Ya que sólo el advenimiento de nuevas generaciones, pueden contribuir al borrado de esta memoria dolorosa, al enterramiento de verdaderos fantasmas que amenazan con volver, raptar, destruir. Inmóviles, silenciosos... veremos que ocurre tras nueve episodios o historias complejas.

Definitivamente, no sólo el recuerdo es el leifmotiv de esta serie, The Leftovers (madejas imprecisas de ese vacío o nido), ya que no pierde el contacto con otros posibles protagonistas del caos reinante. Los subterfugios emocionales se convierten en un torbellino de pasiones y dudas, de pesadillas que regresan en la noche, de cuentos de navidad que crecen como historias de terror, de sexo prohibido o inconfesable, de cuchicheos entre blancos y asaltos impetuosos, de silencios, miradas claro, y secretos.
Tampoco la producción olvida a esos desconocidos, los acontecimientos sin respuesta que proceden de algunos antecedentes cinematográficos o hechos sin confirmación, donde la ciencia ficción juega un papel preponderante.
Ante unas desapariciones inexplicables, en otra época X-Files que producen una neblina creciente que impide la visión de la verdad y se mete en nuestros pulmones como un cáncer. Que reivindica con silencio ante la fuerza bruta o el derramamiento de sangre. Pero, ¿quién está detrás de todo el dolor o sufrimiento? ¿Merecemos el castigo?

Es algún tipo de conexión diabólica, una mente preclara, un ente castigado con poder ilimitado, un ser de otro planeta, una especie de secta religiosa o milagrosa, una conciencia imaginativa, un velo de apariencias o los esfuerzos de nuestros gobiernos para desorientar a la sociedad. Es decir, una conspiración mayúscula que amenaza a la sociedad, para convertirla en una forma de locura colectiva. Un credo, una filosofía... una pesadilla.
En el horizonte, el humo invade toda la razón y la visión neutral que, nosotros poseemos como espectadores de esta verdad o cara mentira. Se transforma en niebla amenazante que esconde el terror y el recuerdo de escritores fantásticos, que borra las huellas del pasado, alimentando los egos. Decididos a crear una corriente alternativa, o una idealización de las emociones no expresadas.
Desde el primer capítulo, en aquella infausta mañana tras desayunos alterados, se produce la desaparición de un 2 % de la población mundial, de golpe, no a pequeños bocados o raptos.

Atrapados, no paramos de hacernos preguntas que no nos llevan a ningún lado, aunque mantengamos los ojos bien abiertos y los oídos intentando desentrañar alguna revelación. En mayúsculas... Sin embargo, ya no importa el motivo de esta confusión ni la meta, sino las bifurcaciones. Lo que aprendemos a manejarnos en ese dolor, a conocer los rostros que nos harán felices o mediocres, convivir en el futuro con sus infelicidades o infidelidades. Cruelmente, acostumbrarnos a la violencia, a los tiros y dentelladas salvajes, a la banda sonora que cubre (con precisión sonora) el resto de movimientos silenciosos, pedradas, insultos, acompañando a actos pausados, sincopados, desarraigados, desdoblados, marginales... como una prenda perdida, como un personaje olvidado.
The Leftlovers, ha llegado algo tarde, pero estamos a tiempo de establecer las conexiones adecuadas, a distinguir la mentira.

Ha llegado... el nueve, la entrega novena. El desenlace para mantener despiertos los sentimientos y proponer nuevas reflexiones que nos sacudan en el interior y aclaren el futuro. O todo lo contrario, que aumente el misterio sin conocer la verdad. Veremos, sentiremos, callaremos... Sin saber hacia adónde vamos, aún, qué nos mantiene en pie o porqué luchamos... ¿la vida merece la pena o es la pena que forma parte de ella? Me he quedado aquí, antes del décimo mandamiento y otras temporadas para intentar descifrar lo oculto.

Conoceremos a familias rotas, divididas como si fueran extraños, vecinos atacando a otros. Dentro de otra ciudad repleta de esos mismos extraños, que se comporta de manera extraña, que se alimenta con sentencias absolutas y se rompe o desmigaja en la intimidad. Mientras, el salto generacional no comprende las diferentes implicaciones ni las emociones encontradas, sino que se rige por las suyas propias. Diferentes, alocadas o estimulantes, testimoniales o grandilocuentes...
De un lado, mayores disfrazados con sus vestimentas, observadores natos de la naturaleza de las cosas, de los movimientos de los vecinos y la conservación de una idea recalcada con cal o pintura blanquecina. Son interpretados en semejanza a los mimos. Del otro, restos familiares que se oponen al olvido o la muestra de respeto, jóvenes encabezados por un padre de familia, que no es padre ni tiene ésta, sapiencia... sólo más dudas.

¿Qué nos espera...?

Ansioso por desentrañar el diez y diez más... Navegar con otros capitanes de barcos perdidos, para tratar de identificar el mal, la realidad paralela. La deriva de este naufragio.

Con la familia y nuevos personajes que se irán sumando al padre auténtico, aunque esposado sin esposas. Silbado por su condición de humano, bendecido con la pérdida, vilipendiado por la justicia, golpeado y desahuciado.
Por supuesto, sin olvidar a los políticos caracterizados ante el pueblo, sus voces discrepantes e interesadas, su falsedad idolatrada. Ni al hombre misterioso, que aparece en todos los sitios con su escopeta cargada, disparando a perros como si rematase a jaurías de locos, acribillando el silencio, asfixiándolo.
Sucumbiendo con violencia innata, a cualquier otro tipo de referencia relevante o significativa de la metafísica, por ahora.
Si todo esto, no te atrapa o despierta esa curiosidad, si no condicionaría nuestras vidas a diario o confundiera el lugar que ocupamos los seres humanos en el planeta real (que pisamos y habitamos), entonces... The Leftovers no es tu serie, ni historia.

Paralelamente, a las imágenes ciertas y esas derivadas sentimentales, persiste la inagotable imaginación de sus guionistas y sus diferentes directores sin género, que vendrán en otras oleadas y la suma de otros directores con rasgos terroríficos como Nicole Kassell (El Leñador), Tom Shankland (The Children) y Craig Zobel (Z for Zacariah).
Curiosamente, en el quinto capítulo, una mujer llamada Mimi Leder que continua rodando en el futuro, comienza con la escena más llena de furia y violencia, contra otra mujer. Maltratada hasta la muerte y bastante ultrajada por su posición misteriosa, vejada y lapidada, casi crucificada, convendríamos.

Este es un mundo de locos, y visionarios que te envían a la nada. Parecido a los comportamientos de los animales que fueron abandonados, perdidos, y que aparecen por todos los sitios imaginables.
Con violencia vecinal por incomprensión y ciudadanos que rivalizan en malos humos. Una protección ciudadana no resolutoria, armas y almas desenfocadas, por un dedo de pintor demasiado grande, sexualidad confusa y onírica, entre ángeles y demonios. Maltratos domésticos y animales, asilvestrados, secretos callados como sepulturas rocosas, pétreos hilos familiares y fuego lynchiano, vamos, un cristo pictórico.
Claustros de vivencias incomprensibles, paternales, visitas a la nada o el silencio, creencias y fe... ¡puede que no! A lo mejor tras el 10, empezaré a conocer otros reflejos e intimidades, otras voces.
¿Es el reflejo de la maldad intrínseca o de nuestros miedos? Seremos uno o muchos, tras la marca epidérmica del sufrimiento o la exposición de una gran mentira en los medios... humo, todo humo. Si bien, en cada episodio late el corazón, sin parar, aunque mire hacia atrás, a los vestigios rotos.

Para crear este clímax imperfecto y retórico, se ha confeccionado un universo distópico con los pedazos, donde todos los personajes forman parte del engaño o el misterio redundante e imaginativo. Sorprendido por los resortes de un estrés postraumático, que amenaza con derrumbar su forma de vida perfecta.
Si bien, la catástrofe internacional se centra en pequeñas parcelas de Texas, desde un Amarillo terrestre, el amarillo de la nicotina en los dedos, el amarillo vidrioso de unos ojos que no pueden dormir, o hasta el ´amarillo` emocional que ataca la mente, como una especie de enfermedad contagiosa.

Tras nueve historias, entrelazadas, creo que nos aproximamos a un misterio mayor, que intentará despistar a cualquiera que intente acercarse a la verdad oculta tras la humareda. Como no, es ficción a la postre.
En nuevo confluimos, cuando todo lo alterado, se vuelve a montar como un puzzle, al que le faltaban piezas y, te las vas encontrando pisadas, enredadas en las fibras descoloridas de la alfombra, flotando en el agua o enterradas en la nieve de diciembre, camufladas por un brillo blanquecino, mortecino. La verdad es que lo desconozco, ni ganas tengo de investigarlo, solamente sentirlo. Restos tirados como hojas muertas, desprendidas de las anillas de una libreta, de toda humanidad.
Si las palabras afectan a los ciudadanos y sus familias, al igual que lo hace la falta de ellas, las miradas no acusadoras, contemplativas diríamos. El enigma envuelto en dolor y humo, regresará de nueve en diez.

En un mundo enloquecido y globalizado, todo empieza a desmoronarse por lo pequeño. La "familia Lindelof" se halla ante una desagradable disyuntiva, buscar u olvidar para siempre. Esperando las noticias de una sociedad diezmada, que empieza a afectar sobre manera, a los ciudadanos menos complacientes, sinceros, pragmáticos, confusos, agresivos, persuasivos, desafiantes, protectores, queridos, amantes, sectarios... no olvidados.
Provocando la secesión dolorosa, sin calidad ética y la superioridad moral de una sociedad con síntomas de cansancio. Patetismo infiltrado en una rara sucesión de acontecimientos relacionados con las creencias religiosas o la implicación emotiva de nuestros cerebros. Unos escribiendo y otros borrando... la muerte.

En cambio, quedan demasiadas respuestas y preguntas por lanzar al aire, personajes a los que conocer más a fondo, sueños que descifrar o pesadillas que enfrentar. Huidas o desapariciones, misterios a las que poner nombre y sentido, entidades pictóricas que signifiquen o pinten algo real en nuestras vidas. O continuar incompletos, como esos domicilios separados a los que volver o donde recuperar los recuerdos, corderos que reconducir o abandonar las iglesias sin fieles, las creencias temerosas. Morir de dolor de cabeza o de cáncer de pulmón, conversar o callar, follar con el cerebro o morir haciendo el amor. ¿El bien o el mal?
La duda razonable avanza sin cesar, atravesando todas la etapas imaginables, el noveno capítulo en la encrucijada, tras la historia común. Mientras las circunstancias lejanas, nos adentran en ese universo de apariencias provincianas, o privadas, que son las relaciones humanas. Lucha de contradictorias ideas, reflejos de nuestro yo interno, no innato, aprehendido. Historias que salen a la superficie como volutas e incendian nuestros sueños, señas incomprensibles a primera vista o lectura, hasta que alguien nos confirme si tenemos o no, alma. Si existe algo diferente, más allá.

Quizás, alguien intenta comunicarse con nosotros, alienante o alienígena, ante el nuevo orden silencioso y una catarata de insultos alrededor, visitándonos a los supuestos vivos que, tal vez, ya estamos muertos.
Aún mi temporada no está terminada y ya me apetecía contar algo... ante tanto secreto hermético, ante tanta frustración y huellas borradas. Ante el iris apagado de uno ojos ahumados o las lágrimas amargas por la nicotina, ante el odio y el rencor que subyace como una gran mentira, una elegía en cada episodio...

Todo cotidiano y tan poco glamuroso, como si fuera un día cualquiera, ese día.
El juicio no se celebra todavía, nos vamos acercando entre cuerpos caídos de los camiones, instintos animales entre vidas perdidas, sociedades rotas como pétalos en planetas olvidados, sin guardianes de la galaxia, palabras emborronadas y tiradas a la basura... Todo se junta en orden perfecto y singular, en The Leftovers, para que no acabemos perdiendo el interés por lo pequeño, cuando en ese instante insólito de soledad, todo se desvaneció.
Hoy, empieza un nuevo episodio, mañana otro... indefinidamente.

Sentados contemplando, fumando o muriendo, da igual, los creadores o escritores, los copiantes seguirán pensando por vosotros y vuestros hijos, apuntando más allá. Mostrando los engaños o creando nueve más.
Puede que haya algo más surrealista que este universo y sus leyes, algo más caótico. Puede que sí, antes de creencias, la conciencia dormida. Las reglas naturales que se van cayendo una tras otra, incluso, las universales, se neutralizan, olvidan o inventan.
Porque... muchos nos preguntamos, que sucederá en otras coordenadas del planeta, en otras mentes, ¿surgirá la idea de un Dios u otros invasores estarán a punto de aparecer por el horizonte... ¿Es este el principio del fin? Adiós, y solidaridad, restos del naufragio.

Tráiler The Death and Life of John F. Donovan, de Xavier Dolan.


Tráiler Death Note, de Adam Wingard.


Clip IZZY GETS THE FUCK ACROSS TOWN, de Christian Papierniak.


Tráiler Fargo Season 3.

domingo, 13 de agosto de 2017

Dunkirk.

Dunquerque, en fríos o húmedos números.

Hay algunas películas de ficción o basadas en hechos históricos, Dunkerque sería una de éstas, que son capaces de cambiar ciertas características de una zona o región determinada. Veremos si también conciencias, a pesar de los escalofriantes números que guardan los archivos de nuestra memoria. ¿Casi olvidada?
Pero, con motivo del estreno de la décima película dirigida por Christopher Nolan (Memento y autor de la oscura trilogía de Batman), además de las funciones de guionista y productor de la misma, el director británico se ha convertido en el auténtico faro de aquellos dramáticos días y referente actual de la cinematografía mundial. Con sus silenciosos personajes e impactantes imágenes rodadas en los mimos escenarios que entonces.
También, en el punto de referencia de ciertas relaciones nacionales entre naciones contrarias ideológicamente, y la apertura de nuevos focos de tensión bélica, que se vienen produciendo a lo largo de los últimos tiempos. Que sería bueno recordar con esta espeluznante guerra mundial y sus fríos datos, entre nombres borrados por los trágicos sucesos...

Por ejemplo, se estima que en el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la población mundial contaba con cerca de 2.000 millones de habitantes que, entre 1939 y 1945 estarían abocadas a los designios de una mente desquiciada y personalidad megalomaníaca. Casi la totalidad de naciones se verían imbuidas en el conflicto armado, con aproximadamente un 3 por ciento de la población cayendo por efecto de la ideología enemiga y de sus armas. Esto es, entre 60 millones de asesinatos directos y 20 muertes más por causas relacionadas con enfermedades o el hambre, de los cuales un millón y medio serían niños.
Un extenso reguero de cadáveres y sufrimiento, que se produjo en cualquier localización del planeta, en cualquier medio físico, alrededor de 5000 embarcaciones de los aliados hundidas por torpedos nazis, con un total de 260 buques de guerra ingleses y 138 franceses, contra 994 submarinos alemanes hundidos y 53 destructores, además de las numerosas pérdidas de la aviación y el uso, por primera vez, de armamento con capacidad de destrucción nuclear.
Prisioneros, horribles experimentos y mutilaciones, violaciones masivas, desplazados... con amplias repercusiones para la masacrada Polonia y los principales países involucrados como la URSS, China, Japón, Estados Unidos; y las diferentes naciones europeas, con cerca de 88 mil belgas, 810 mil fallecidos en la república francesa y 388 mil británicos.

Todo comenzaría con una invasión relámpago que pondría a Europa en un brete y que acabaría con una pausa estudiada para una futura reagrupación, por lo que sería denominada una "guerra de broma" o Blitzkrieg. Nada más lejos de la realidad que se avecinaba, cuando las tropas nazis de la Wehrmacht se adentraron a fondo con sus carros blindados y conquistarían amplios territorios de Luxemburgo, los Países Bajos, Bélgica y Francia; dividiendo a las tropas aliadas por la frontera natural de Las Árdenas con dirección al Canal de la Mancha. Ahí, precisamente, es donde nace la historia de esta guerra contada por una mente preclara, datada para los grandes retos fílmicos y mediante la fortaleza física de un equipo de rodaje. Es decir, con la mirada de Mr. Nolan sobre la pacífica costa de Dunkerque.
Para ello, contará con un grupo de actores expertos, encabezados por el brillante Kenneth Branagh (Valkiria, Asesinato en el Orient Express) interpretando a un dedicado Coronel Bolton o el intrépido y estupendo actor, Mark Rylance (El Puente de los Espías, BFG), próximo a protagonizar dos proyectos de Steven Spielberg como The Kidnapping of Edgardo Mortara y la fantástica Ready Player One. Así mismo, algunos novatos como el debutante Fionn Whitehead (próximamente en The Children Act junto a Emma Thompson y Stanley Tucci), Mickey Collins (The Yellow Birds), Aneurin Barnard (Templario, Citadel), Jack Lowden (Pan, Negación) y el renombrado cantante mediático Harry Styles, que forman un reparto que marcha desde la épica sudorosa al horror, y viceversa. Desde la dramática supervivencia individual o grupal, a la defensa de las respectivas patrias, para evitar su caída en manos enemigas.

En el lado social de la actualidad, se ha producido una especie de renovación cultural sobre el terreno y una novedosa corriente turística se abre paso a través de aquella costa, hasta esos extensos y llanos kilómetros de playa norteña dentro de las arenas del territorio francés. Dunkerque está cambiando aquella concepción exclusiva y portuaria del pasado, por otra apreciación más significativa que da protagonismo al turismo patrio y de ámbito internacional. Por supuesto, gracias en gran medida, a un referente cinematográfico actual como es Mr. Nolan... a pesar de sus muchos y variados detractores, entre los que no me encuentro, si bien no me atrae demasiado su obra última conocida con el nombre luminoso de Interstellar.
A sus 47 años (recién cumplidos este 30 de julio pasado), Christopher ha estado siempre unido a su barrio londinense de Westmister, aunque su madre es originaria de Estados Unidos, y desde muy joven, vería aquellas historias de héroes a través de juegos relacionados, metodológica y físicamente, con la imagen y el cine. La vida o la muerte, a través de una pequeña cámara de Super 8, como otros creadores contemporáneos o anteriores a su generación.

Hasta ser atraído por las vidas ocultas y consiguiera financiar su primer largometraje rodado en un arriesgado blanco y negro durante 1998. Desarrollando un propio guion cinematográfico con el nombre de Following, que narraba las vicisitudes de un escritor en paro, obstinado persiguiendo a ciudadanos anónimos, vecinos de su Londres natal, en busca de esa inspiración necesaria del creador para otear su próxima obra. Y al final, encontrarse en medio de una trama criminal angustiosa que cambiará los roles de observador y perseguido. Una genialidad iniciática, en definitiva.
Luego, llegaría ese enorme salto mortal y temporal, con el suspense inmemorial de la notable paradoja titulada Memento, diseñada argumentalmente por su mano derecha y hermano, Jonathan. Un segundo muchacho Nolan, sólo por edad, despierto y creativo, seis años menor que él, que firmaría la consagración definitiva de ambos y este camino profesional dirigido a empresas mayores. ¡Con apenas 30 años de edad!
El resto, que no es poco, habitualmente junto al autor narrativo de la absorbente serie Westworld, escribiendo los textos que han marchado junto a una figura oscura, entre insomnios, trucos y orígenes. Como un odisea épica y triple, que recorriera la sombra de un caballero oscuro, una gata ingrata, un payaso, y ese triste superhombre de hierro. Para alcanzar ésta, su primera incursión dentro del realismo bélico y los declarados episodios de la 2ª Guerra Mundial, elaborados como un gigantesco plató sangriento o escenario lúgubre entre la supervivencia o la muerte.

Volviendo a su resistencia... A finales del mayo de 1940, las tropas odiosas de Hitler se apoderaron de gran parte del territorio francés y Europa, mientras las fuerzas aliadas (compuestas por varias divisiones británicas del ... y francesas, más una parte del ejército belga) quedaban partidas, como muchos corazones restarían. Desfallecidas y desprotegidas con el Océano Atlántico a su retaguardia y la amenaza en el aire, de una posible aniquilación o invasión de cercanos territorios.
Entonces, la figura oronda de Winston Churchill (del que tendremos pronto un biopic tardío), ordenó la evacuación de las ejércitos sobre la arena de la playa de Dunkerque por cualquier medio al alcance. Una vez, los diques y puertos habían sido destruidos con intensos bombarderos de la ofensiva alemana o sus cazas conocidos como Stuka, contra los versátiles Spitfire ingleses.

En esta defensa a ultranza de los valores y la humanidad, se puede volver a medir el riesgo y dolor, a través de gélidos y salinos números, ya que unos 200 mil soldados británicos y más de 100 mil franceses-belgas, serían rescatados o conducidos de nuevo a Inglaterra. Gracias a una treintena de destructores y un puñado de pequeñas embarcaciones de carácter civil, que forman parte importante en el filme Dunkirk. En este punto, las cifras varían considerando la participación verídica de dichos marineros, desarmados, en una cantidad ejemplar, aunque casi inapreciable. Por contra, como dije, no su determinación y valor para enfrentarse a un enemigo, si cabe mucho más brutal e imbatible.
En este instante, congelado en sal y arena, de planificación cinematográfica, Mr. Nolan o Chris para sus amigos, se propone realizar una incursión narrativa a modo de documento gráfico. Sin escalas prácticamente, esto es, sin un guion estructurado, aunque tuvo que rendirse a las circunstancias. Algunos pensamos que hubiera sido una idea brillante y eficaz, constructiva o surrealista, el emplear el tiempo adecuado para adecuar el silencio máximo, condicionar al espectador con menos diálogos y delimitar esas 76 nuevas páginas para entablar una defensa alternativa. Aún, menos coordinada y concisa con lo que demuestra su obra Dunkirk. Hubiera sido una tarea mayúscula, sin complejos, el llevar la guerra a otros aspectos conceptuales y más visuales, gracias a la calidad fotográfica de Hoyte Van Hoytema, que toparía con la resistencia de una complicada Operación Dínamo, una vez derretida la aliada Línea Maginot.
Además avalada por todo el movimiento técnico y de personas que han participado en la película, vistas las cantidades manejadas y el esfuerzo estratégico para conquistar los 3 elementos, in situ. You´re entering a Big War!

Otros números... de Cine.

Se suele decir que los números marean, sobre todo tratándose de un pacífico espectador medio. Sin embargo, existen otros aspectos destacables como un 75% de película con calidad IMAX y el uso, por primera vez, de cámaras en mano para grabar las escenas dentro de los navíos. Estos formarían parte de una flota ´cinéfaga` acondicionada por el propio equipo de Nolan, compuesta por 3 destructores de la Armada holandesa en el papel de destructores británicos de 1940, el verdadero torpedero MTB 102 que sería uno de los últimos en partir en aquella misión y 50 pequeñas embarcaciones, como un yate de 13 metros construido en 1930 y pilotado por la familia de Mr. Dawson, en las secuencias más características sobre el tranquilo lago Usselmeer.
Aviones preparados con dos cabinas para permitir la grabación en vuelo, un Yakovlev Yak-5230​52​ representando al Supermarine Spitfire, dos Spitfire Mk.IAs, un Spitfire Mk.VB y un Hispano HA-1112 como el Messerschmitt Bf 109 para los combates aéreos. Copias de impacto rodadas con cámaras sumergibles IMAX o adheridas en la superficie para simular los hundimientos de maquetas a gran escala. Todo para un presupuesto de unos 100 millones de dólares, ya superada esa cifra en apenas un mes con una recaudación en la primera exitosa semana de cincuenta millones.

En esta maldita e infausta guerra, muchas almas de variadas nacionalidades y algunas alimañas también cayeron... Protagonistas ingleses, franceses y belgas, pero curiosamente, Nolan evita retratar en paralelo a ambos bandos, con lo que denota a la cinta de versatilidad práctica en las escenas de acción y un ejercicio de simplicidad a la vez. Sin ampulosidades, ni violentos saltos de cámara entre enemigos. Un nuevo acierto del director que se centra en lo básico, en el silencio del miedo.
Londres envió prácticamente todo lo preponderante en sus puertos, para cruzar el canal de 33 kilómetros, mientras una misteriosa decisión de Hitler demostraba cierta pasividad con la URSS en el punto de mira. Posiblemente, también debido a aquella derrota que sumaría a países como EEUU a la endiablada batalla que no paraba de crecer o, la experimentación con armas balísticas de largo alcance para la maquinaría de guerra nazi.
Ideas bélicas plasmadas bajo la batuta del compositor habitual (seis películas juntos), Hans Zimmer que denota a la banda sonora de todo tipo de sonidos metálicos, enrevesando la épica con toques minimalistas.

Dunkerque situada cerca del paso de Calais y a escasos 10 kilómetros de la frontera con Bélgica, es el tercer puerto en importancia con 89 mil habitantes. Se beneficia del empuje de la película de Nolan, poco a poco, mutando esa perspectiva industrial con una novedosa y más limpia, revitalización del turismo, que ha aumentado en 9 millones de ingresos con la visita de más curiosos nacionales y extranjeros. Comenta su Tercera Alcaldesa: “Todavía es pronto para que tengamos cifras de evoluciones sobre el turismo este año. Pero, observamos un aumento significativo en el número de visitantes (por ejemplo en el Museo Nacional sobre la Operación Dínamo), incluidos turistas británicos, alemanes, estadounidenses y, por supuesto, franceses. ¡En 15 días, el museo recibió 3.500 visitantes!”, agrega complacida tras superar los 19 millones de euros para toda la región de la Alta Francia.
Mientras, la memora fílmica recuerda a los caídos y gran parte de esos supervivientes (aquí los franceses tienen algún tipo de queja), reivindicados tras la máscara de un superdotado para altos vuelos. Hombres recordados e interpretados por el irlandés Cillian Murphy con sus defectos y facetas, el hierático y magnífico Branagh, con el actor James D´Arcy o un ciego John Nolan, sin olvidarnos del rostro estratégico de Tom Hardy, que no necesita más que una mascarilla para transmitir... of course!

Otros, turistas de vuelta también, conducidos por los tres elementos posibles que causarían estragos. Los tres protagonistas ruidosos, testigos de las calamidades infernales de la sangre sobre la materia. Sólido, líquido y gas, se bifurcan y vuelven a unir (posiblemente, uno de sus defectos temporales que podría haberse encarado con imágenes naturales e imaginación), para que vencedores y desafortunados vencidos por ahora, formasen parte de los más terribles hechos que puede perpetrar nuestra raza inteligente. Por tierra, mar o aire, morirían jóvenes menores de 21 años, toda una futura generación que lucharía por la libertad actual de una Europa dividida, de nuevo. Mientras la unión y la fuerza del equipo de Nolan se puede disponer al rescate del Héroe británico, por excelencia.
Muchachos salados que murieron a bordo de sus naves agrias, sobre botas embarradas, arrasados y quemados, en contra de un método sanguinario y decadente de esclavitud racista. Entre ardientes arenas, la nieve soviética o las cámaras de gas. Christopher N. refleja sin estridencias, la esencia silenciosa de esos tres órdenes, transpirando en el ambiente con héroes anónimos, enfundados en sus máscaras del Aire. Pilotando hacia la gloria de la nada y el todo, camuflados, disfrazados o creciendo al timón del destino imperfecto. Si bien, para ello, haya tenido que repetirse conceptualmente, coordinando los esfuerzos técnicos y las manijas del tiempo. Compartimentando su mente en cada elemento.

Quizás no sea momento de hablar de premios, sólo de gran escape. Alejados de la mente extraviada y enferma, que guía a una nación a la miseria o la deshonra colectiva, debido a las atrocidades y crímenes cometidos, que se conocerían tras su macabra ideología, poco después. Sin apenas inmutarse, malvados edecanes, ante los pedazos de mutilados, jóvenes compañeros de fatigas entre el frío, el fuego y el horror, de un Dunkirk aliado con los tres elementos. Bañados en sudor o salpicados de sangre, simplemente, se volatilizaron por los deseos grandilocuentes de un loco.
Dunkirk, la película se ha convertido en un acontecimiento cinematográfico de gran calado. Sus imágenes desdobladas en tres, pertenecen al recuerdo colectivo, desde el espolón prefabricado de nuestro pasado más lúgubre y aquellos nombres no pronunciados.
Significa la vuelta de un héroe, junto al director oscuro... esta vez clarividente y todopoderoso, que ha retratado con acierto y perfecta estética, aquel regreso del pozo de un infierno nazi. Con sus valerosos protagonistas, sea volando, marchando o navegando en el horizonte. Sufriendo.

Nolan se marcha al ritmo de una banda sonora, silenciosa y cadente, tensada hasta el límite del latido. Propagando esa materia que forma parte del terror de un gran hundimiento a oscuras. Con un bombardeo plástico, extendido como el calor pegajoso de llamas asesinas o el miedo ahogado en una caja metálica, resonando. Gracias al retrato de uno rostros demacrados, marineros y oficiales, combatiendo contra la propaganda de un régimen de Horror y el Holocausto más abominable. Porque, simplemente, aquello no debió existir. ¡Nunca! .... Ahora que nadie nos oye...
Seres humanos con diferentes trajes, Stukas vs. Spitfire, buques vs. submarinos, lobos sanguinarios contra mansos. Escuadrones defendiendo aquel Canal de la Muerte, contra la muerte misma. Chicos no profesionales, trémulos y cadentes como el sonido. Heridos graves de la memoria... cualquier pudo haber sido uno de ellos. Gracias Nolan por recordárnoslo.

Dunkirk Soundtrack - Supermarine, by Hans Zimmer.


Tráiler Ready Player One, de Steven Spielberg.


Tráiler Murder on the Orient Express, de Kenneth Branagh.


Tráiler Churchill, de Jonathan Teplitzky.


Tráiler The Party, de Sally Potter.


Tráiler Bitter Harvest, de George Mendeluk.


Tráiler Serie Taboo (BBC One y Scott Free).

sábado, 5 de agosto de 2017

Alien: El 8º Pasajero / Aliens.

Al final de los 80, el terror llegó del espacio

Un joven director británico, Ridley Scott, idea junto a el productor y director Walter Hill (Forajidos de Leyenda, Danko) y el diseñador gráfico y pintor surrealista, el suizo Hans Ruedi Giger, una de las películas más terroríficas de la historia.
Se encargan de crear un mundo, por entonces nunca visto en la pantalla, donde la humedad, la viscosidad y la obscuridad hermética, son los protagonistas del film. También de una estrella emergente, que brilla más allá de los demás, aunque, cada uno concentra su propia energía interpretativa. ¡Welcome to Space, Sigourney Weaver!

Además, diseñan un Alien demoledor en nuestras pesadillas (no en la pantalla), para enfrentarse a una heroína de carne y hueso, inspirada en diosas escénicas. De concepción vital en el interior de los cuerpos humanos y efectos demoledores. Inspirándose en las enseñanzas de Hitchcock, nos oculta casi totalmente al monstruo entre las sombras y los vapores en su edad adulta. Pero, consigue una entrada estelar como alevín, en una de las escenas del cine de terror y ciencia-ficción, más recordadas de la historia moderna y próximos viajes a los confines del universo.

En el set del plató, Scott oculta a los propios actores protagonistas, lo que va a suceder. Su criatura se reserva para los paladares más críticos. Para mantener intactos, los mecanismos del efecto manufacturado y las salpicaduras de sangre. Así, lo demuestra el gesto aterrorizado de Verónica Cartwright (actriz en Los pájaros, de A. Hitchcock), que jura en arameo extraterrestre.
Dejando aparte esta escena espectacular y sanguinaria, como dije, me parece que Alien bebe de la sabiduría del gran maestro, ya que se basa en el suspense, en las tinieblas y bufidos, los ruidos inquietantes y la expresión de los actores. El sudor en el frío estelar, las filtraciones de vapores, la condensación en cristales, y con un decorado de alto contenido sexual subliminal, creado por H.R. Giger y redondeando la ambientación.

Destacable, también, el protagonismo de la música de Jerry Goldsmith. Mayúscula partitura minimalista, entre el sueño y la pesadilla.
Solamente, veriamos al Alien, en una secuencia rápida frontal, donde el disfraz del nigeriano de dos metros, Bolaji Badejo, cantaba escandalosamente; la escena con el gato de protagonista donde nos cortaba la respiración y el inolvidable final con Sigourney ´Ripley`, donde estábamos más pendientes... ejem, de otras cosas más calientes, que aquella masa viscosa y húmeda desenredándose. ¡O no!

Alien, el 8º Pasajero.

Corría el año 79, apenas dos después a Star Wars y cinco antes de que Terminator llegara a la Tierra, cuando los jóvenes espectadores se vieron absorbidos sustancialmente, por el guion de Dan O´Bannon y Ronald Shusett y la sorprendente aparición de una criatura que, no surgía del frío o la literatura clásica, sino que, su crecimiento metabólico se alimentaba con las nuevas perspectivas de un viaje a los confines del cosmos. Algo, pocas veces visto entonces, pues la mayoría de expediciones fueron formuladas en sentido contrario, cuando las invasiones extraterrestres y literarias, venían e instalaban en nuestro hogar para enseñarnos su inteligencia y hambre, sus armas personales o elaboradas con tecnología.
Aquel colono o invasor, era diferente, semejante a un miembro revolucionario o evolucionado de la prehistoria, confeccionado a base de piel viscosa y huesos protegidos de una coraza, al estilo de los engendros cableados y entubados, que recorrían los seres sexuales y algo demoníacos, del artista suizo H.R. Giger con sus surrealistas conceptos, pero, regados con tripas y ácido sanguíneo, no sabemos si con material ribonucleico.

Aquella mirada de velocirraptor voraz, garras para destripar, látigo acabado en pica huesuda, fuerza descomunal y adaptación a las diferentes condiciones ambientales, reproducción asistida, gestación ovípara y siniestra, sexto sentido de instinto ´escuálido`, resorte mandibular coronado de dientes afilados, mala sangre y crecimiento des-comunal en comuna... soportaría el tamaño de un planeta o mundo perdido, y el peso de la supervivencia. Significaba un gran descubrimiento biológico para buscar remedios a nuestras debilidades, y un residuo de la Prehistoria con genética cocinada singularmente, por la consabida evolución de las especies, o no.

Esta cinta humilde, apenas 11 millones de dólares de inversión, se reproducía por 7 y se alimentaba de la tensión extraterrestre. De nuestro miedo psicológico entre las estrellas, que serviría para la consagración del director de South Shields, Ridley Scott, como la siguiente avanzadilla de una diferente generación de duelistas de la cámara dentro del cine moderno. Creadores de monstruos evolucionados de aquellos clásicos que sorprendieron por su capacidad conceptual y la imaginación para clonar nuevos espacios o elementos discordantes de inteligencia artificial. Una nota de color rojizo, con sombras perfeccionadas para alimentar los miedos intrínsecos a la infancia, soledad en un recinto cerrado, vapores y sudor, puertas hidraúlicas y cadenas chorreantes, presencias invisibles, con un engendro que atacaba de repente y se reproducía de forma violenta, como una víbora venenosa o un insecto desproporcionado, un soldado de un enjambre que defendiera a su reina.
En definitiva otro duelo épico contra la enorme Sigourney Weaver.

Condicionamientos de aquel rodaje...

Ellos se acercan con precaución a un destino vaporoso, oscuro y profundo, sobre la luna cercana a un gigante de tonalidades amarillo-azuladas, encontrándose casi de inmediato con una visión enorme y grisácea. Un navío anclado no se sabe hace cuánto tiempo, herrumbroso y destartalado por el impacto, que no avecina la forma violenta de cómo pudo llegar hasta allí, ni qué tipo de inteligencia lo dirigía. Sólo la estructura fósil de un viajero espacial de aspecto humanoide, doblando la estructura de los seres humanos, y que años después, descubriríamos como auténtica deidad al borde de la decapitación integral y provocando la expansión de su información genética a una catarata de naturaleza casi mágica.

Aunque, eso, transcurrió a finales del siglo XXI y sería descubierto en el pasado por otra tripulación navegando a bordo de la Prometheus, completando un círculo que empieza estructurarse ahora... primero, nos centraremos en estos siete héroes actuales y su mascota gatuna (podría ser el pasajero ocho, más bien, no)... nos adentramos, con los ojos bien abiertos sobre estos espacios alucinantes, con conexiones narrativas con Dark Star de John Carpenter y la futura Dune de David Lynch, al son aspirado de la banda sonora de Jerry Goldsmith, o los arquetipos gráficos, eclépcticos y surrealistas, del dibujante francés Jean ´Moebius` Giraud.
Una aventura que pasaría a ser considerada como terrorífica, adelantada a nuestro tiempo, con la que nos encaramamos a una vista existencialista de la supervivencia. Aquel aviso de ayuda, se convertiría en una advertencia desgarradora, pues: "en el vacío, no se podrán escuchar sus gritos".

Tras estas increíbles vistas espaciales, las máquinas computerizadas por Madre y su discípulo clónico, se interesan sobre manera con las novedosas estructuras y su contenido vital, demostrando que la inteligencia artificial puede tener otras perspectivas espectaculares y dramáticas, que marcaron su destino y la división de su corteza imaginativa, debido a una curiosidad individualista y un aprendizaje polémico. Fue el comienzo de unas especulaciones más evolucionadas... y de todo lo demás.
De la apertura anticipada de aquellas cabinas de criogénesis, y del descubrimiento de su apartada localización, de una misión sangrienta, de contingencias relacionas con los sueños y futuras pesadillas que retornan con El Regreso, de muchos otros. De quejidos animalescos que perforan los tímpanos y queman con su sangre (la sección del guion que sería silenciada y luego, reventada en vivo), de los designios creativos de un grupo de visionarios, cerebros no programados para lograr retos e ideas oscuras, estrategias de un futuro que deberemos enfrentar, tarde o más temprano. La sombra estratégica de un hacedor sintético, recreaciones de estancias hidraúlicas, golpes y sonidos de cadenas, sótanos metálicos y húmedos, maullidos defensivos, puertas automáticas que no cierran en el instante oportuno, o sirven de lanzadera para desechos biológicos, ya reconocidos, al igual que una nueva héroe.

Aquella nave espacial Nostromo, se diseñó como entramado de pasillos, condensación y luces de emergencia rojizas, de alaridos apagados, estancias con conversaciones existencialistas, mientras el vacío rodeaba a los protagonistas y no dejaba escapar ningún sonido monstruoso, más allá de aquel otro monstruo metálico. Incluso, la ocultación de otro rastro perdido sobre el terreno en terraformación, provocaría susurros inalcanzables por cualquier oído o comunicación humana, a millones de años luz de la Tierra.
No fue una pesadilla, sino una evidencia, que produciría la gran tragedia, como el salvaje oeste vencía a los sencillos colonos que buscaban otra tierra para el desarrollo de sus familias. Ripley, tuviste que volver vestida de pistolera, protectora o guerrera dotada con armadura mecánica, para descubrir a una pequeña sustituta de la muerte concebida, en un salto temporal enorme para ti y para nosotros. Aquel segundo avistamiento, conlleva una carga personal y un equipo de marines adiestrados, no tan románticos como los siete primigenios, pero con su particular manera de pensar o ser (uno de ellos, el temeroso Bill Paxton recientemente fallecido) y con sus armas incompatibles con salpicones de ácidos o indefinibles comentarios carentes de demasiada inteligencia. Sólo mucha acción al mando del nuevo capitán, James Cameron (supervisor de efectos especiales para Roger Corman), adiestrado en amenazas cyborg y aprendiendo para definir otros seres abisales, fuerzas bélicas con tecnología futura y esencias agrupadas en comunas, hormigueros, colmenas...

Esta conexión misteriosa, produce restos viscosos de aquel ser, de aspecto xenomorfo y fluidos insaciables de cazador, como un agresivo velocirraptor de sustancia sulfurosa, dispuesto a merendarse a cualquiera guiado por una misión suicida. O una colonia pretérita bajo una mente experimental, de la que no se salva ni el "tato", porque el gato sí que respira, en un salto mayor a medio siglo, a salvo y coleando.
Luego, la esencia vital del Alien, se perdería en reclusiones de almas y extraños, pero divertidos Guardianes de la Galaxia, vistos ahora. Con diseños que sufrirían varios grados de separación con el suspense de Ridley Scott y sus esfuerzos actuales para regresar a la historia. Significaría la pérdida del cabello por invasiones de piojo, y el comienzo de un gran creador como el director David Finncher, pero, también una pesadilla cinematográfica y agorafóbica, de tonos apagados u ocres, suciedad de un antro espacial, limitación de conceptos narrativos, persecuciones alocadas por diferentes medios, tal que colosos en llamaradas (sin puerta de Tanhausser ni anillos de Orion) o espectáculos de otras épocas al estilo Titanic o Poseidón, y otras criaturas con instinto de Leviatán de las profundidades... Aquel Alien diseñado para invadir y arrasar en próximos paraísos, que proclamaban diversión metafísica y quedó en extravagancia visual. Aunque, a continuación el gamberrismo espacial se extendiera a través de una mente preclara, como la del galo más surrealista Jean-Pierre Jeunet.

Visionándola de nuevo, en cualquier época actual, Alien el 8º Pasajero, sigue siendo una obra maestra del scify y el terror moderno... con permiso de la majestuosa Blade Runner.

Datos curiosos del film:

- El director Walter Hill, sería el encargado del comienzo del rodaje.
- El guionista Dan O´Bannon, se basó para la historia de Alien, en unos gremlins que en la Segunda Guerra Mundial, averiaban un bombardero y liquidaban a la tripulación.
- Nostromo: nave de carga remolcadora de 243,8 metros.
Nombre proveniente de la novela homónima de Joseph Conrad, donde así denominaban los pilotos maestros de barcos. También, escribió "Los duelistas".
- El nombre original del carguero es Leviatán: Bestia marina del Antiguo Testamento, asociada a Satanás y creada por Dios. "En ese día, el Señor castigará con su espada grande y de gran alcance, Leviatán la Serpiente que se desliza, Leviatán la Serpiente enrollada; Él destruirá al monstruo del mar".
- El Alien, es denominado polizón. Habiendo así, una reciprocidad en el término espacio con el mar.
- El efecto corrosivo de la sangre alienígena, fue una mezcla de cloroformo, acetona, ciclo-hexilamina y ácido acético sobre una base de Styrofoam.
- En los años ochenta, una industria incipiente, la informática y la inteligencia artificial está en auge. Al piloto automático de Nostromo se le da el nombre de Madre.
- Parte de los decorados y el alien, se basan en su obra pictórica "Necromon V" del suizo-polaco Hans Ruedi Giger, ganándose un merecido Óscar al mejor diseño de decorados.
- El mítico anuncio promocional, no presagiaba ningún aspecto definitorio del film. Por lo que el público primerizo, desconocía su trama, sólo un huevo quebrándose, liberando luz amarillo-verdosa y vapor. El lema: "En el espacio, no se escuchan sus gritos".
Genial.

***** Excelente *****

Aliens: Curiosidades de xenomorfos.

No siempre segundas partes fueron malas... dijo no sé quién.
Aquella terrible invasión en las alturas de la creación, no podía ser olvidada, sin enviar una misión de acción que investigara los orígenes de un posible foco infeccioso o una presencia incómoda. Por tanto, el director Ridley Scott formó un pequeño grupo o avanzadilla bélica, armada hasta los dientes que intentaría llevar a la teniente Ripley al lugar de sus pesadillas, para combatir a la criatura que segó las vidas de su tripulación en la nave....
En esta ocasión, los soldados forman parte interesada de esta expedición a la colonia atacada, con otra mente clonada que demuestra interés por el instinto de supervivencia y la calidez de las relaciones humanas, con nuestras emociones, dudas intrínsecas y, también, con nuestras deficiencias conceptuales o errores fundamentales. La guerra siempre ha sido parte de nuestra existencia, de los enfrentamientos raciales, de la lucha entre especies para no ser exterminadas o borradas de la faz de la Tierra, disparado para ser descubierto.

Proporciones de la segunda invasión xenomorfa.

Siete años después, el novel director James Cameron convence al elenco inglés de este film y a los productores Scott y Hill, de su valía. Mostrándoles un visionado de su anterior trabajo "Terminator".
Tendría muchos problemas, por su forma de trabajar, con el protagonista de la cinta Bill Paxton, recordado con su arma al hombro y recientemente fallecido este mismo año 2017. D.e.p. En cambio, esa tensión se confunde entre tanta testosterona que preconizaba el cartel "Es tiempo para la guera" y la labor profesional de los soldados. Se echa en falta alguna mente menos proteíca y desnaturalizada, aunque en ella, milite el sintético bondadoso y reprogramado, interpretado por un notable y medido actor como el neoyorquino Lance Henriksen.

Quizás un punto por debajo a la primera, es decir, mantiene el suspense y el ritmo, mas se repite en la estructura narrativa. Por tanto, el filme no desmerece en su función de entretenimiento, ni limita el suspense a su predecesora. Continuación, con personajes algo menos mitificados.
Luego, el terror sigue ahí, pero da paso a la divertida acción y al producto más pirotécnico. Sin embargo, dota a la historia de unas secuencias resolutorias de la vida alienígena muy acertadas, convenciéndonos que su ataque tiene una verdadera misión por descubrir. Será en el futuro o no será, puede que con Prometeo en el pretérito imperfecto...

Sigourney es la estrella de la época, y el cyborg, ahora interpretado por Lance Henriksen crece en notoriedad. Los aliens comunales y los marines harán el resto.
Los actores principales tuvieron que leerse "Starship Tropers" y tener un entrenamiento militar. Mientras, que Cameron desesperó en el casting para encontrar a la niña, pues muchas reían al terminar sus diálogos.
Al final, solo actuaría en esta única película, pero se haría amiga de Sigourney Weaber y la acompañaría en otros estrenos posteriores.
Así, la lucha final contra la reina madre, (quizás lo que no pudo hacer Ridley Scott por los recortados medios), infundiría el poderoso clímax con increscendo agobiante, que será recordado siempre por los amantes del género.
Apoyado en la música épica, esta vez, de James Horner.

**** Notable ****

El suicidio de la saga

Por último, seis años después a Aliens y con guión del propio Walter Hill, un desconocido director (ahora gigante), entra de lleno en la saga, se trata de David Fincher.
Bastante más floja que las anteriores, esta tercera no alcanzaría las expectativas.
Lo más destacable a mi juicio, sería la ambientación diferenciada con las dos primeras entregas de esta odisea espacial y vital, lo que lastra visualmente el mundo creado por el pintor y escultor suizo, el surrealista H.R. Giger. Como en el carácter conceptual de Prometheus y Covenant.

La historia es original, pero los esfuerzos son baldíos, no conseguirá los momentos de suspense ni el poder de atracción de antaño. También, de destacar algunas interpretaciones y las pesadillas recurrentes de la heroína y tripulante de la USCSS Nostromo, nacida en Olympia (Luna) en el año 2092, la Teniente Ellen Ripley.
Curiosidad: Cuando Ridley Scott, da nombre a la compañía militar y armamentística, utiliza los apellidos de dos vecinos merecedores de su antipatía, Wegland-Yutami.

*** Pasable **

Un comentario breve, a la descastada y alocada cuarta entrega, con un equipo de locos de diferentes personalidades que establecen diversión sin fronteras y dosis de "macarrismo" ilustrado con divertido gore. Bien dirigida por un creador natural del departamento del Loira (región alpina del Ródano francés), Jean-Pierre Jeunet en 1997. Lo mejor es este grupo irreverente, que se decide por seguir a una Sigourney más atlética, disyuntiva y poderosa de lo habitual por estos páramos a miles de kilómetros de la Tierra.
En ella se nos ofrece otra visión francamente inverosímil, jocosa y delirante, de conversiones genéticas con aliens y encerramientos dudosos, de disparos en el interior de una nave, rostros conocidos y posicionamientos salvajes, taquicardias coloristas en persecuciones desenfrenadas por decorados irreconocibles en la saga de Ridley Scott. Un producto naif con mentalidad europea (francesa por descontado), eclecticismo estético y cierta corrosión en los minutos finales. El monstruo o criatura se estira como un chicle y ya no pega...

La trama ocurre 200 años después, y la compañía Weyland, ya no existe. Es cambiada por una fuerza militar denominada United Systems Military.
Estos monstruos cambian el terror por las risas, y los xenomorfos en depreciación ascendente hacia esa criatura deformada y poco temible. Sin embargo, no empaña la diversión de la primera hora y las ocurrencias de este equipo que ha crecido en el tiempo y se desenvuelve con gracejo de nivel internacional. Recordemos: una dulce sintética con Winona Ryder, el lustroso y alocado galo Dominique Pinon, un racial tirador por Gary Dourdan, el canadiense salido de El Cuervo, Michael Wincott. El incombustible Dan Hedaya, uno de los mejores traseros en el espacio, el de la bailarina y actriz Kim Flowers, el contagioso Leland Orser y J.E. Freeman fallecido hace 3 años(Corazón Salvaje, Muerte entre las Flores).

Para el final, me dejo a dos personalidades dentro del fantástico, el rebelde Brad Dourif jugando a cabrear alienígenas y un camorrista Ron Perlman, sin libros, rosarios ni rosas. Pero, más camorrista que nunca y divertido. Si bien, Sigourney le deja a la altura del betún, en manejo de pelotas... de basket, ¡claro!

Curiosidad: En este film, Bishop interpretado magistralmente por Lance Henriksen en el pasado, se significa como fundador de la compañía militar, cuando en Aliens III, se esclarecía que el fundador había sido un empleado humano llamado Michael Bishop. Clonado, clonado y vuelto a clonar. No me extraña lo más mínimo, magnífico actor.

Tras años, se introdujo otra derivada y una devaluada secuela de Alien vs. Predator, de la cual mejor no acordarse demasiado. Curiosamente dirigida por Paul W.S. Anderson, el mismo que se calzara esa pesadilla conceptual llamada Horizonte Final, aquí con un resultado demasiado comercial y alien-dimórfico. Hasta la próxima, xenomorfos.

Por los pelos... Miau


Alien Soundtrack, de Jerry Goldsmith.




Alien: Covenant.

La Megalomanía en AI y la mente depredadora.

Hace mucho, mucho tiempo. Bueno, bastantes lunas atrás. Esto es, espacio.
Un viaje extenso, pero aparentemente calmo, se transformó de la noche a... la noche, en pesadilla cósmica. Todo comenzaría con un sorprendente despertar más allá de los sueños, más allá de toda lógica binaria. El tiempo detenido, congelado, empezaría a contar de ahí en adelante, hacia una etapa de oscuridad, gritos y sangre.
Aunque, como expresara el profesor Albert Einstein con espacial acierto, el tiempo es relativo. Al igual que sería la naturaleza o la vida, cuando las sensaciones que te devuelve la música son particulares para cada oído, humano o sintético...

Y bien que lo sería, dependiendo del punto de vista y el desarrollo de la ciencia. Por ejemplo, para un británico hacedor de historias fantásticas llamado Ridley Scott y su grupo colaborador de hombres y mujeres, ese despertar se propagaría como un comienzo histórico. La película Alien relanzaría sus carreras, meditando sobre una odisea espacial, más bien, pesadilla evolucionista. Una propuesta diferente sobre el desarrollo y reproducción de una nueva forma de vida, con la contemplación (o parte de ella) de un elemento nervudo y óseo, de aspecto e instinto depredador.
Un ser antediluviano, resiliente, indomable... alienígena, o no, más cercano a lo que imaginábamos o deseábamos, que regresaría para recorrer el espacio profundo a bordo de la nave Nostromo, y una intención en su mirada insondable. Ir tras una tripulación de siete más el gato, rastrear su carne y esencia, como lo harían los viejos dinosaurios antes del pétreo destino llegado desde el cielo. Del lugar, donde la semilla se introdujo en aquella nave.

Claro, Alien fue ese octavo pasajero, la octava maravilla entre simios evolucionados (sin contar a sigilosas mascotas), llegaría oculto en aquel año de 1979 a las pantallas del mundo conocido. Su impenetrable imagen, impactó a una generación de aficionados al cine de ciencia ficción, recalcando que el futuro se extendía desde aquella sala a oscuras, hasta la negritud insondable del espacio en un lejano 2122, aún. O lo que es lo mismo, tiempo o espacio después de que otros cargueros espaciales cruzaran el cosmos, en busca de planetas adecuados a los que transformar para la habitabilidad de los seres humanos y la explotación de sus materias primas o riquezas naturales.
Gracias... o no tanto, a aquella archifamosa empresa Weyland y su creativo padre, interpretado por Guy Pearce, que plantea los instantes más significativos con su atmósfera neutra, metafísica y privilegiada de los minutos iniciales. En el comienzo, el argumento se presenta similar a otros grandes monopolios comerciales de la ciencia ficción... ¿imaginen cuáles? Hay un puñado de experiencias semejantes e ilegales en el pasado, que avanzan el futuro. Su mente es la encargada de manipular datos vitales, mentir y dedicar ingentes cantidades de recursos y dinero, para enviar partidas de colonos allá, a lo desconocido.
Por supuesto, sin demostrar demasiado interés por la vida, de acá... ni la de aquellos exploradores infinitesimales y sus familias.

Llegó la hora de la reentrada... durante el habitual y monótono siseo electrónico, un zumbido o gorjeo mecánico, en modo secuencial y programado, produce una indicación inesperada.
Tal y como ocurriría en diferentes etapas de nuestro futuro cinematográfico, iría despertando a la sugerente tripulación de actores y aquella historia iniciática, gobernada por un cerebro con dispersas evoluciones y sangre color de la horchata.
Madre y el grupo de siete astronautas, técnicos especializados (que no preparados para el sacrificio), se reunirían en torno a la mesa, encabezados por una valerosa teniente y piloto comercial conocida desde entonces, como Ripley. También compondría uno de los repartos más recordados en la historia del Séptimo Arte, ya que al mando decidido de aquella joven, deberían enfrentarse a un desceso infernal a las fauces más temibles y desconocidas, de éste y el otro lado del universo navegado... hasta hoy. Mañana mejor dicho, perdón.

Un espacio vacío, sin gritos o ecos profundos, encorsetado y asfixiante. Estático, para que Ridley Scott lo comprimiera con su cámara, más si cabe, soñando sus pasillos metálicos y su doble fondo, en distintos niveles de magnífico suspense y gotas de sudor frío o sulfurosas.
Las formas estarían cubiertas de brumas artificiales y chirridos, de óxido y desgarros guturales, para recrear un infierno que serviría para redefinir el terror más animal y salvaje. Un demonio oscuro, que escondía su aspecto depredador y se abría paso a través de aquel ojo con visión cristalina, hacia un horizonte temporal que deseaba aproximarse a la faceta humana, hacerla suya. La criatura que establecería los resortes de una cacería, tal como lo hicieron nuestros antepasados, y tan solo unos años antes de la aparición de un Depredador y el luchador Arnold Swarzenegger, para disputarse la adquisición de trofeos y la supervivencia. Por ende, la supremacía sobre aquellos malditos extraterrestres tecnócratas, de mandíbulas batientes y dominadores de conocimientos avanzados.

Sin embargo, este terror impactante y ultra-violento, casi hubiera pasado desapercibido a no ser por la estructura estelar que nos invadió con sorpresa y admiración. Antes de los gratos momentos de un fantástico suspense narrativo, así como por la ocultación adulta de aquella vital y terrible especie diseñada para despedazar. Luego, sabríamos que indican restos biológicos semejantes a los de la era Jurásica.
Algo cartilaginoso y excretor, recubierto de mucosidad y mucha mala baba, que continuaría creciendo en el interior de un alma caída en desgracia y que amenazara el equilibrio de los seres humanos en cualquier superficie y rincón del espacio. Si bien desconocemos su interés universal para la ciencia y sus raíces etimológicas o su origen, detenerlo por todos los medios e inteligencias artificiales. Hasta ahora, hasta la apertura de nuestra conciencia... y la mirada a un pretérito imperfecto.

Hoy, 38 después de aquel comienzo silencioso y aquella marejada visceral posterior, se abre la semilla del mal, mientras esta fecha futurible nos queda más cerca... apenas a una generación de distancia, cuando nos hallamos en pleno proceso de involución en la Tierra.
Por tanto, en un posible cambio coyuntural y tecnológico, las medidas de seguridad que los científicos actuales tendrían que plantearse, serían: establecer un posible choque con especies peligrosas e invasoras, o incluso, más avanzadas tecnológicamente. Con la misión de impedir algún tipo de contagio herético, genético y puro, o una verdadera invasión programada que atacara nuestra privacidad o realidad interior, nuestras entrañas filosóficas.
Vamos, que no te inoculen ningún gusano devorador de carne o bichejo risueño que se abriera paso a través de un estallido en tu pecho.

Sino... ¡ya puedes empezar a rezar! No servirá de mucho, pues, como te dijeron a finales de aquellos maravillosos ochenta, tus gritos no serán escuchados en el espacio. Y con un xenomorfo en camino, seguramente las creencias religiosas, las distancias políticas, la apertura de horizontes, se suplantarían por simple y pura supervivencia. Otro tipo de fe mucho más peligrosa y salvaje. Mas primero, vayamos al grano, al bicho y a la nave Covenant... a Michael Fassbender.

Alien: Covenant.

De hecho, 37 aniversarios no es nada, porque quedarían exactamente 105 años para arribar a otra superficie planetaria a la que terraformar con éxito. En cambio, encuentros con el esqueleto petrificado de un gran Jinete y la fecha de la primera incursión en el planeta LV algo, es más cercana en nuestras vidas reales. Un lugar inhóspito, pero sorprendente, con un clima y un aspecto, más o menos agradable. A pesar de las tormentas y los enormes espacios verdes para que correteen los pequeños colonizadores, incluso, fértil. Por consguiente, la vida podría evolucionar, a no ser que aquella nave alienígena se encargara de plantar los huevos accidentados de la discordia, en algún lugar húmedo y recóndito... ¡Ojo a tu espalda!
Otra vez, esas sensaciones, ese hormigueo en la espina dorsal, que echábamos de menos.

Las decisiones impersonales de Madre evidencia, con su deseo establecido y coordinado, la exploración de otras fronteras y posibles formas de vida, aunque los espectadores ya lo sabemos. La presencia de un cyborg, no pronostica un ente divisorio entre programación y conciencia, en cambio, establece unos primeros minutos de calidad biométrica. El resto de la tripulación, ya pueden ser quince, o cien, no se distingue de otras masacres fílmicas, no impacta ni se queda en nuestra retina.
Solamente avanza hacia otra misión, diseñada por el jefe de la empresa número uno en creación de nuevos mundos, fértiles y habitables. La conciencia de un explotador y sus dudas existenciales, se pierde como lágrimas en la lluvia, ante el sincretismo robótico.

Ciertamente sus ejemplos atemporales poseen un dominio comercial y despiadado, que deriva en algo inalcanzable, intangible... indivisible o no. Ambos con su batuta bicéfala, se encuentran en la nada, al mando de un grupo sorprendido (también por su inconsistencia narrativa), despiertos del descanso no eterno. Sin saber que hay, allá abajo, en el profundo averno natural e ilógico. Tan imposible de descifrar como elaborar una obra maestra, o componer una sinfonía perfecta, que te ataca y sobresalta por las noches. La idea desería estar perdido en el silencio mortecino y regresar a la vida como monstruo, como fantasma de una ópera futurista. O tal vez, una pesadilla existencial...
El caso de esos durmientes de Covenant, es caótico. No establece los códigos necesarios para abrir una puerta al escepticismo o la crítica filosófica, por que su trascendental labor deriva en simple paseo hacia la Muerte, al pecaminoso principio de Todo o el Paraíso Perdido, con su delicada posición de inferioridad ante los nuevos dioses. Sin embargo, todo sería demasiado perfecto, una obra de arte maquinada con curiosidad, un poema idílico leído ante una inteligencia autosuficiente.

A bordo, de nuevo, desciende partido al igual que su corazón pretérito, gemero y unificado en una idea replanteada, conflictiva para el devenir del valioso cargamento criogénico y ético. Y ni siquiera, todavía han aparecido.
Pero la doble personalidad, singularidad, poco emparentaría cinematográficamente hablando, con aquella notable tripulación de actores que descubrimos. Un ideal western compuesto por siete jinetes magníficos, ante la Muerte, con el gigante bonachón Yaphet Kotto, la asustadiza Veronica Cartwright, el informal Harry Dean Stanton, el paciente Tom Skerrit, el admirado John Hurt que en paz descanse, o el imprevisiblemente frío, esta vez, Ian Holm... y la auténtica jefa, Sigourney Weaver, en el papel de esa infatigable teniente Ellen Ripley, antes de ser violada, muerta y resucitada. Por tanto, a aguantarse amigos, con el equipo en cuestión, con la evolución visual y ética narrativa, la estética dentro de esta nueva entrega. Sobreponerse a esta caída a los infiernos, condicionada por la mente de Ridley Scott, sobre las maravillosas tierras de Australia y los parques naturales de Nueva Zelanda.

División, Alien 8: Nostromus vs. Alien: Convenant.

No todo es malo... toda obra que aspira a la perfección tiene instantes para el recuerdo. De esta manera, puede implosionar y lanzar pequeñas partículas que crecerán individualmente en consistencia. Llevamos dos entregas desde la aparición de la duda, de aquel maldito Prometeo y su novedosa teoría creacionista, proveniente de las entrañas de un Ser Superior o bestia todopoderosa. La vida de ámbito universal y científico, se abría paso, emparentada con el origen y nuestra evolución de las especies, del nacimiento de la criatura en regueros maleables, lejos de nuestra atmósfera terrestre, cerca del paraíso y el averno ígneo.
Por ello, significa la vuelta a aquellos orígenes, con un pasado plagado de sustos en recovecos o compartimientos numerados, describiendo una elipse casi cerrada. Fue otro descenso al infierno dantesco, lo que depertó al hijo de la bestia, al hito imaginativo de los ochenta, aquí y ahora, en el acontecer de ayer. Volveremos a observar esos encontronazos provocados por la sugestión de cada espectador y su capacidad para descifrar los sueños... o las pesadillas, siempre que el deseo del Creador se manifieste tarde o temprano. Como la idea de Mr. Michael Fassbender y su proyecto en la sombra, a sus espaldas. ¿O no es verdad, que un líder debe proteger a sus súbditos, o compañeros...?

Algo planificado, condicionado por otra inteligencia, que no desdibuje el destino de la raza y trate a sus 15 como carne sin ojos ni cerebro. O sí... el espejo te devuelve la imagen con todos los defectos pretéritos. Pilotando desde la cabina, al lado de un definido Mr. Scott, se siguen las indicaciones de los guionistas, Jack Paglen (Trascendence) y Ronald Shusett (Linterna Verde), más un habitual en sus filmes como el escritor de Chicago, John Logan, produciendo un desajuste en los circuitos o distorsión emocional. Esta vez, el californiano Logan y sus divergentes ideas, está acorde con otras cintas controvertidas artísticamente y aciertos, como Un Domingo Cualquiera, Gladiator, La Máquina del Tiempo, Star Treck Némesis, El Último Samurái, El Aviador o Swenney Todd. Algunas interesantes y otras, irascibles para cualquier crítico viajero del futuro.
También visualmente, confundidas en determinadas tomas y luchas frenéticas, conversaciones privadas sin demasiada relatividad o importancia y difuminadas escenas de acción en superficie. Aunque sus textos sean decididos, a establecer un nuevo signo para la Humanidad, con la posibilidad de un primer encuentro extraterrestre. Abrazarse hasta confundirse en un orgasmo ácido, tal que la sangre corrompida en el óxido metálico del espacio, pero sin H.R. Giger. Por ende, la propagación de aquellos endiablados bichos de nuestro pretérito cinéfilo, con su lenguaje no estructurado, gutural, estridente, y su ceño fruncido al estilo cretácico cárnico de la era Mesozoica, poseen mucha peor sangre, si cabe...

Para ello, deberíamos contar con el arte Séptimo, u octavo viajero resistente a la cuestión económica y la era digital. Cuando Scott establece el conjunto variable, con nuevos rostros que se pierden en la bruma y la doble personalidad robótica, algo cuestionable, pues la lucha queda incompleta ante el interés de un maestro de ceremonias, que ejercería de Doc Frankenstein en un acto glorioso y épico. Mejor concebido y expresado, un ´master of puppets` de la próxima generación de depredadores y guía de nuestros sacrificios pretéritos, que no olvida las cuerdas de la música que toca.
Sus veinte dedos, empiezan una batalla psicológica entre Nos, (no Nostromo sino Covenant), que es la odisea más indescriptible. Marcando el comienzo de la generación dormida o el nacimiento del Monstruo, como un Darwin siniestro con distinta teoría antropológica y, ciertos abcesos de dictador megalómano en su mente. Otro clonado que cambia nuestras dudas metafísicas por certezas, ya consabidas en aquel vacío y caliente futuro, con graves consecuencias o efectos mortíferos para nuestro ´body`. Cuerpo que se han de comer estos gusanos... sino que se lo pregunten al pasaje de la reciente Life.

Covenant, posee un motor potente, una carrocería brillante, digital y naturalista. Con un significado oculto, paralelo a nuestra propia naturaleza destructiva, o necesidad para expandir la simiente sagrada, describiendo ese círculo que engendraría la noción de un Dios irascible con nuestros pecados originales, en un Ser vengativo e inmisericorde. Concepciones del hombre y la naturaleza divina, la forma del creador ambivalente, entre Bien y el Mal puro.
La metafísica dio un salto mortal con Prometheus, e impactó en la superficie. Incorporar la idea de ese dios primigenio o hacedor de especies diferentes, era necesario, sufrible en estructuras incomprensibles para nuestra inteligencia y de variables perspectivas vitales, que crearon el caos. Presas y depredadores, unificados como siempre, dispuestos a una batalla ancestral. Pero guiados por una mano todopoderosa, como imagen de la amenaza más intropectiva del hombre, y sus dos caras.
Hoy esa síntesis reproductiva, se separa de la natural división celular y la evolución biológica de libre albedrío, hacia una concepción más herética y genética. Un tema sugerente, condicionado y peligroso, sobre todo, si la inteligencia artificial que pretende su expansión está comprendida entre dos mentes o concepciones tan parecidas, dios y diablo. Enfrentadas en el espejo neuronal y físico, una lucha irascible entre dos Michael Fassbender... con diferentes rasgos antropológicos, sintéticos. La idea de conservación de lo establecido y otra, la ambición acariciando ese cambio deseado o el poder de un cataclismo ideológico.

Luego, antes de llegar a esta lucha intersticia o fraticida, poco divertida fílmicamente, veremos la interpretación física de ese pasado. Es otro intervalo temporal que nos retrotrae a etapas de colonización o episodios de, esa cuestionable y cara terraformación, comenzada en mundos lejanos, apartados de nuestro sistema solar. Por supuesto, eso nos llevaría a replantearnos ciertas cuestiones en la navegación, si bien... no hay espacio ni tiempo.
Ni necesidad, de establecer diferencias con los medios acertados o no, pues la producción digital contra los menos avanzados tecnológicamente, produce un salto demasiado inestable para ser evaluado. Los procesos que se realizaron a finales de los setenta y mediados de los ochenta, con Alien y su segunda avanzadilla bélica Aliens, son mis preferidos. Aquí son más filosóficos y sintéticos, digitalizados y por tanto, menos divertidos.
En consecuencia, la angustia de aquellos largos estancamientos espaciales, explosiones en el vacío, motores y rugidos agonizantes, fue perdiendo su atmósfera asfixiante y estructura concreta, ya que el agobio físico ha ido ascendiendo a otras esferas cíclicas y prosopopéyicas, como sería la duda metafísica y el pensamiento religioso. El que define el mundo en dos planos espirituales que reflejan la perspectiva existencialista del hombre y la ética de la ciencia ficción. Hechos basados en teorías imaginativas o antiguos escritos de nuestra memoria. Como este famoso descenso a los infiernos de Dante, como en aquellas otras ocasiones filmadas del pecado original, con seres que despedazan a los condenados. Malditos xenomorfos, fieles al Satanás, Fassbender.

La Tripulación Maldita y el caldo de cultivo.

En la realidad del 2104, cerca de 75 años antes de que Ripley visitara el planeta Origae-6 y sus instalaciones deshumanizadas, la historia se repite como en 2122, dando un salto mortal hacia atrás en aquel viaje interrumpido de la Nostromo.
Trayendo noticias de un nuevo amanecer, desdibujado por las personalidades infaustas, desde el protagonismo femenino de una incierta Katherine Waterston (Puro Vicio, Animales Fantásticos) y ese mismo terror evolucionado en probetas, distorsionado por la biomecánica de los tejidos como avanzase Jeunet y los efectos de nueva generación. La inconexa relación con una inteligencia artificial revisada o actualizada, criticando su propia naturaleza con la raza humana y sus deseos expansivos. Los demás, aún más indefinidos y despedazados sin piedad.

Son espejismos en el desierto paradisíaco, podríamos enumerar su orden de aparición y nombres, pero no serviría de nada. Nada comparable a la experiencia del creador protagonista, el otro cerebro que exige las excelencias de un eterno Prometeo, más flexible, efectivo y letal. Un engendro o colonia menos inteligente que su Madre en el Regreso, formado por soldados guiados para colonizar sus huecas entrañas, con instintos primitivos y ferocidad. Son los verdaderos protagonistas preparados para la conquista de nuevos terrenos y cuerpos, menos bucólicos y románticos, que aquel ser reconstruido con desechos humanos, por un tal Víctor F.
Fassbender se convierte en la carne incorrompible ante el espejo, su otro yo, es la imagen que representa nuestro lado incierto, como especie inteligente o no. Su oda reclama ese hueco protagonista, como lo será en otras pesadillas existenciales del futuro... ¡dios mediante!
Hijo de Satán, que estableciera su base creativa en de la famosa isla del doctor Moreau y sus razas de noche, descritas por H.G. Wells, aunque sin descifrar, todavía, sus experimentos siniestros y pretenciosos. Claro está, contra la humanidad.

Padre manda un nuevo comunicado a otra tripulación, perdida en el sueño, que nos recuerda la antigua canción con otro género e intención: Soy protagonista. Recuerda a los actores en aquellas primeras misiones y sus amigos cableados, describiendo una parábola hiperbólica y sangrante, semejante a la de James Franco en Covenant. Pero, sin el significado primigenio de la sorpresa. Configuraciones biológicas interceptadas por un mero comunicado o sonido interno, para próximas visitas inesperadas, que nos recuerdan que sustancialmente, los humanos no somos nada. Sólo una mirada temerosa, una onda perdida en el vacío... tal vez energía nuclear.
La tensión transformada en realidad virutal, la del terror más gore, evidenciando que las condicones para recrear el Mal, con mayúsculas, son semejantes al estilo producido por un salvaje Event Horizon (no tan conceptual), o con la rebeldía de un replicante llevada al extremo. Fassbender nace impoluto y excelso, se esconde y acontece en una sinfonía espacial épica, elaborada por el compositor Jed Kurzel, después de visitar con sus notas, la Australia de Snowtown, los cuentos de The Babadook y la odisea formidable en Slow West.
Posee la capacidad todopoderosa de interpretar y crear crecimiento en otro planeta prohibido, en el pretérito ancestral y la historia bíblica, bajo una tormenta apocalíptica que esconde la semilla del horror. El Octavo Pasajero de un nuevo episodio que cambió nuestra percepción científica, la mente tras las hordas vivientes de muerte que, como había previsto la clásica The Thing, cultivó Orson en oleadas escritas por Wells.

Ajustado en su traje, sin la ropa interior de moda en los ochenta, otro discurso diferente se reproduce, mucho menos dramático en los círculos cercanos... la diligencia y sus ocupantes hacia un destino incierto o la muerte. Que no, en sus percepciones de creador o condicionantes destructivos, dirigiendo el esbozo de un creador de mundos pintados de rojo sangre y cultivando la simiente de nuestros terrores más ocultos. Apretando las delicadas zonas corporales (desdibujadas como dije) y dejando un reguero de episodios terroríficos en un nuevo parque jurásico de nueva generación, con efectos especiales de la empresa BOT Vfx, recordándonos su complicado trabajo tras Harry Potter y Narnia, hasta un Capitán América: Civil War o Guardianes de la Galaxia 2, pasando por revisiones dudosas: Tron, Dredd, Total Recall... y llegando a su parte más sustanciosa en Ant-Man, Animales Fantásticos y Marte.
Nos quedaríamos con las imágenes del descenso y caída natural, de estos viajeros del tiempo, similares a los capitaneados por Charlton Heston en su planeta invadido. El futuro de las razas agarrándose a sus tripas con programados bríos, curiosamente, condicionados para la destrucción de esta especie supuestamente inteligente. Completamente invasora, como la suya.

En los confienes del espacio, una nave se aproxima al destino, con inteligencia diabólica y una serie de armas diseñadas para descubrir constantes vitales en la superficie lejana, que comenzarían una guerra o caza nada piadosa. Hijos de un Dios Menor que no paran de sorprender, en busca de espectadores, huéspedes de otro mundo a los que explotar o colonizar, como aquel pequeño estallido se convirtió en una inmensa fuente iniciática. Para descubrir que dientes o garras, puden sentenciarnos en el próximo y último juicio.
Se vuelven a aferrar a las pesadillas a través de nuestra energía, con transformaciones sin suspense, o fuerzas que podríamos encontrar en los planetas más recónditos e insondables, mañana. De la fría perspectiva del dolor y el fin de los días, hasta los últimos momentos de la película Alien: Covenant, donde la idea de un Mr. Fassbinder poliédrico, transparente, se erige en horizonte infernal. Parecido a un dictador con ínfulas megalíticas y esas maneras de megalómano indescifrable. Pero, con un dedo acusador que apunta desde los confines del universo a nuestra residencia. Donde Covenant significa.... miedo al futuro.

Su camino en esta nueva tierra, se encuentra con estructuras reconocibles de pesadillas, para describir una parábola cósmica de la creación y el mecanismo infinito de auto-destrucción. Sus coordenadas ovíparas establecen otra vuelta de tuerca, donde los hombres son perseguidos por los simios (nada inteligentes a priori) o perros adiestrados por la mano de dios. Cuya simiente permanece adormecida, continuadora de unos terrores intrínsecos, que amenazan con terminar nuestra especie a bocados. Como los dinosaurios frente a sus vegetarianos vecinos, acosaban la carne de especies menos armadas para el choque directo con el músculo y los dientes, una máquina diseñada para nutrirse y multiplicarse exponencialmente. Mientras, las víctimas descubrían tardíamente, que aquel mensaje de auxilio se transformaba en una cacería de proporciones antropológicas y el caos de la razón.
En el futuro pasado, más palabras se perderán en el vacío, más instinto animal se alzará con el control genético y otro cerebro con la apreciación de un dios vengativo. Manteniendo las cámaras hiperbáricas y sus incomprensibles errores de cierre.

Más vidas evolucionadas verán la claridad criogénica y las tormentas épicas que oscurecieron la Nostromo, con aquella violencia intrínseca en las entrañas. Preservando al preciado cargamento del lúgubre destino, que solicitará más almas, más alimento, más sufrimiento. O no serán los nuevos hijos malditos, de un ente superior, caótico y robótico.
En aquel barco navegando a través de las estrellas, las distancias retornarán impensables, en un salto imposible, con nuestra generación a bordo. Recuerda que próximas aventuras hibernadas, tendrán que revisar sus condiciones para la resistencia, que las mentes se abrirán meticulosamente a posibles peligros o pisarán el terreno desconocido con más inteligencia y control. Quizás, como aquellos 7 tripulantes y aquella mascota maulladora cazando a salvo en la Tierra, que no tuvieron más remedio que abrirse, de par en par, a una invasión impresionante y sorprendente. Con un metabolismo preparado para nutrirse y reproducirse, escondiendo un devastador ecosistema con forma de gran colmena y a su reina.

Protegida por Padre, y quizás Madre, las dos caras de un Fassbender que no logra la altura deseada, a través de su obra... por ahora.

Tráiler Blade Runner 2049, de Denis Villeneuve.


Tráiler The Snowman, de Tomas Alfredson.


Tráiler Logan Lucky, de Steven Soderbergh.


Tráiler Phoenix Forgotten, de Justin Barber.


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