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jueves, 7 de diciembre de 2017

2 Historias de Net-King.

Adaptando a Stephen King.

Asunto peliagudo (nunca mejor dicho), éste de adaptar las novelas o historias cortas elaboradas por la mente desdoblada del novelista, porque la suerte de sus protagonistas (además de estar echada o tendida en un catre) ha recorrido los rincones o laberintos más inhóspitos que hayamos recordado, entre el acierto y la crítica feroz. Desde aquella magnífica representación del terror familiar y la angustia femenina, que nos invadiera en 1976 y salpicara gratamente con la mirada de Brian de Palma y Sissy Spacek; hasta la horrible repetición de la novela en 2013, la poco diseñada filmación de The Cell, o la caída a los infiernos de la nueva versión de It y las terribles entrañas de una comercial Torre Oscura.
Cualquier argumento puede pasearse a ambos lados de la balanza, entre el bien y el mal, como siempre haya imaginado el escritor en su cabeza y sentido en su corazón tenebroso, no obstante, el mismo Stephen King tuvo que postrarse herido, para recuperarse de un desgraciado y extraño accidente de tráfico, mientras paseaba por la cuneta de una carretera. Increíble, pero cierto... a veces la ficción se convierte en desagradable realidad. Como los protagonistas, más reales que en otras ocasiones en su literatura y el cine, se trasladan con sus vicisitudes escabrosas a la pantalla de televisión, a través de aciertos de sus directores y la producción de Netflix. ¡Hágase, la oscuridad! Aquí en la tierra de King.

The Gerald´s Game.

Cada espectador tiene sus películas favoritas, a la hora de adaptar las novelas de Mr. King, seguramente muchos coincidiremos en señalar que, las primeras fueron las mejores experiencias con el terror psicológico, o al menos, las más entrañables en nuestra época infantil o adolescente. Desde la ya mencionada Carrie y sus traumáticas enseñanzas, la mente en blanco del escritor o enfermiza del padre de familia, respecto a la creación con la sensacional The Shining del maestro Stanley Kubrick, pasando por los divertidos cuentos de Creepshow, la fuerza de la mente en The Dead Zone de David Cronenberg o la ferocidad del instinto depredador o rabioso, caracterizado en un San Bernardo llamado Cujo. Todo el aroma de sus historias, deambula por las mismas tribulaciones o características terroríficas que nos han asustado o torturado, mentalmente, durante más de 50 años de escritura literaria y grandes best-sellers.

Examinando algunas de esos desarrollos, pasados y presentes, se puede observar que el terror psicológico se activa en las mentes de sus protagonistas, como un asalto inesperado en la noche tenebrosa, donde la entidad familiar se ve acosada por las más diversas causas, con voraces animales o muertos vivientes, rabiosos seres o frenéticos especímenes del inframundo, la psicopatía del ser humano dicotómico, los ambientes sobrecargados por la educación o las creencias religiosas, la superposición de dos universos distorsionados, o la propagación de rumores, sentencias, obsesiones, rarezas, complejos, desequilibrios, enfermedades virales, soberbia... etcétera.
Por ejemplo, engañar o confundir a su público, con esas piezas cinematográficas confusas, que intentan adaptar las reglas básicas y que, con mayor o menor compromiso, se olvidan de colocar sobre el tablero del juego ideado por el escritor de Portland. No es el caso de la presente y la siguiente protagonista de mi comentario, más televisivo que de costumbre.

Nos hallamos, en los subterfugios de la mente, ante la misma disyuntiva patológica que antaño con Carrie, la degradación o el abuso de poder sobre la mujer. The Gerald´s Game es la penúltima adaptación de un relato corto, dirigido por el director nacido en Salem, Mike Flanagan, correcto ideólogo de películas de ciencia ficción, como Absentia, Oculus o Before I Wake, y protagonizado prácticamente en exclusividad por dos representantes de la actuación genérica y la representación teatralizada, con forma de pesadilla.
En el Juego de este Gerald, interpretado por el canadiense Bruce Greenwood (Gold, Kingsman) y próximamente en el filme de Steven Spielberg, The Post, se propone un juego de apariencias y acoso que acaba vertiéndose sobre las sábanas. Una reducida estancia, que propone distancias insalvables y resistencias homéricas, ante la causa bien atada, de la principal protagonista femenina, encarnada (y encaramada) por la actriz Carla Gugino. Contrapuestas interpretaciones, dos a dos, con cuatro mentes, repleta de cuestiones relacionadas con el desarraigo o desamor, las desviaciones sexuales y un juego que, a menudo, termina convirtiéndose en acoso y violencia.

A través del horror psicológico y una fantasía, más onírica que surrealista, el propio guion de Flanagan recrea aptitudes de supervivencia de aquella Carrie engañada, el instinto animal de Cujo, la desaparición familiar e intelectual en Misery, o las conversiones fantasmagóricas de elementos compatibles con el consumo de carne humana y el gore, como cementerios vivientes y demás habitantes del submundo de King. Nociones colectivas que arraigan en la cultura literaria de terror, aproximándose a lo más cercano u horrible, ante esa percepción de lo sobrenatural y desconocido, como la propagación de nuestros propios miedos y la voluntad para arrinconarlos en la nocturna vigilia.
La trama avanza a mordiscos, desangrándose a cada poco, e intenta dar una respuesta más razonable, que convincente en la resolución de la propuesta cinematográfica. Sin embargo, te deja prácticamente amarrado a la butaca hasta el fin.
Para ello, utiliza el mecanismo del pensamiento claustrofóbico, no inusual en el novelista, y superpuesto a la convicción o esa fuerza interior que posee el ser humano para soportar el sufrimiento, de formas inimaginables o imposibles. Sea, esta fortaleza, física o sobrenatural.

La supervivencia, frente a lo irracional o lo abusivo, a cualquier coste, tanto mental como espiritual. Una pareja en posición delicada, subdivide el fracaso personal, promovido por erráticas decisiones en la convivencia, mediante una estrategia inverosímil, maniatada sobre una cama y observando la degradación de carne putrefacta (y lacerada como la conciencia), esquematizada con una representación gráfica del condenado a la crucifixión, en este caso, femenina. Aunque la fe, tendrá más que ver, con la fortaleza o la resistencia psicológica a las distintas formas de Oscuridad, que a motivos religiosos o la idea de un ser todopoderoso.
Así, nos mantienen de la mano de Mr. King, amarrados a radicales circunloquios sobre la confianza, el respeto o el amor, también discrepancia sobre las pasiones secretas o experiencias sexuales más inconfesables, hasta desprendernos de prejuicios o esas cadenas individuales o sociales.
Por que en la noche y los sueños, se van derramando una retahíla de situaciones insospechadas (a veces, algo cansina en circunloquios) a partir de otra especie de rompecabezas o juego infantil de preguntas y respuestas, a dos lenguas enfrentadas sobre las pesadillas.

Paralelamente al contexto de la pareja, el horror se va apoderando del angustioso escenario de depredación animal y la depravación psicológica, a partir de aquella proposición sexual, de la que no recordamos ya, absolutamente nada. Solamente puede quedar un ganador y, en cambio, juegan dos perdedores en pareja. Donde la historia se aferra a esa resistencia de la mujer, sin un componente altamente ideológico, que utilizará cualquier resorte a su alcance o increíble, para combatir todos aquellos agravios o heridas no cerradas.
Heridas en forma de monstruos, acosadores o depredadores del género femenino, en un juego terrible e individual, disfrazado con las máscaras del terror tradicional. Desde representativos conceptos de soledad, la ruptura o el miedo a la oscuridad, hasta cualquier otro territorio común a esas entidades clásicas que pulularon alguna vez, por los entresijos terroríficos del universo marcado por el novelista norteamericano. Ya que la sugestión de los espectadores, procede de la fuente del desconocimiento o el engaño de los personajes (incluido el caracterizado por nuestro querido Carel Struycken) en una vuelta física y de tuerca.

Al final, es fundamental, el contexto reducido, el odio creciente y la percepción de mecanismos sangrantes de supervivencia, en el fondo y sobre la superficie del lecho, hacia un desdoblamiento de la personalidad. Entre ese miedo intrínseco y la angustia respecto a un mundo, que se derrumba social y éticamente a nuestro alrededor. Por contra, el problema de esta interesante puesta en escena inicial, es el desarrollo desaprovechado en el juego de Gerald, en cierta forma, se transforma en una bifurcación idealista del pensamiento que adolece de gracia, no de suspense.
Tanto depredador como víctima, acaban provocando una pérdida sensitiva del espectador, con esos aspectos visuales de confusión narrativa, o el juego que termina en venganza, donde destaca una interesante o delicada actuación de Carla Gugino, esencialmente.
Pero, que el hecho cortante, precipita las apreciaciones del horror y las cincunspectas expectativas del público, pues los términos de las diferentes resoluciones posibles, se dirigen a una conclusión improbable, científica o médicamente.

Por fin, el argumento termina desangrándose sobre las últimas secuencias del filme, que sin leer la fuente original, hubiera sido mejor proponer el "the end"... sin demasiadas explicaciones.
Así, el juego vaga hacia la pérdida emocional, sobre aquel colchón que intentara amortiguar dichas desviaciones, como la reiteración del ensueño o los diálogos oníricos a dos bandas, los condicionamientos atmosféricos y psicológicos, se apagan con las repetitivas perspectivas de su comprimido montaje. Como los esfuerzos de actores y sus multiplicadas miradas, o ese primerizo interés del espectador, se estrella con la realidad, aunque estuviera presente en la idea original y final de la novela, que reconozco desconocer por completo.
Sin desmerecer, la producción The Gerald´s Game merecía otra alegórica resolución, como la profesionalidad del director y su forma teatralizada de encarar la odisea o pesadilla genérica, como fuera la resolución de aquella dramática y luchadora, Carrie. En mi opinión, sólo hubiera sido necesaria la explicación sobre la primera pieza del puzzle... el desengaño. Lo demás, la ´lógica` fantasía o el terror, territorio del sueño o la mente.

1992.

Por supuesto, de un juego de poder, a otro del que deriva la violencia y donde también participan los mismos protagonistas, Stephen King, el odio o la falta de comunicación, y Netflix.

y aunque, estas palabras suenen como un eco en tu cabeza, taladrándote con historias de terror sobrenatural o gótico, similar a aquellos relatos escritos en primera persona y salidos de la pluma de otra época... 1922 es un número.
No una puerta o dirección, sino un factor histórico que me resulta atractivo por sus extrañas combinaciones, desde el terror psicológico que esconde una historia escrita por Mr. King, a las condiciones ambientales de aquellos felices años 20, todavía sin suicidios mediáticos. Denominación de una etapa económica de prosperidad y esperanza. Hasta aquel maldito Jueves, justo antes de la Gran Recesión y detonante de aquel crack que terminó con los sueños de muchas personas. Si bien cinematográficamente, las características de un juego entre el gato depredador y el ratón, devorado por el queso en su trampa, es mucho más crudo y terrible que un crudo invierno, lleno de frustración, instigación y de culpa. Porque del personaje de la anterior historia, obligado a permanecer atado a una cama, pasamos a otro tipo de enfermedad mental que simboliza la degradación personal del individuo y el fracaso de las relaciones, también matrimoniales, al igual que otras tensiones familiares de nuestras sociedades modernas.
Curiosamente, sobre los artificios sacrílegos en la perspectiva de otra cama.

Medio siglo antes, una primera ola de agricultores con deseos de aferrarse a algo tangible, aprovechó la Ley de Asentamientos Rurales para apropiarse de las tierras de los nativos, sobre el estado de Nebraska, en el futuro sería denominada como la tierra "donde comienza el Oeste". Sin embargo, ahora, el granjero Wilfred James de mirada sincera, pero turbia como una mancha imborrable, reclama para su ´familia`, los derechos legales sobre el hecho de una reivindicación que facilite el futuro de su hijo Henry. Aunque, dicha reclamación apueste contra su propia carne... carne de un futuro que empieza a pudrirse en la fría oscuridad y en su propia mente.
La producción extensiva de cereales, fuera de las áridas badlands, es la base de la economía de estos viejos sufridores y nuevos conspiradores, sobre la faz ennegrecida de la pequeña población de Hemingford Home. Mientras, la esposa discrepa y reclama su libertad comercial en un ambiente que te inquieta y sobrecoge, con la intención de instalarse para siempre en la gran ciudad, la Omaha de sus sueños. Que terminará humedeciéndose bajo la sospecha conspiranoica y la condición nebulosa del alcohol.

Cualquier resonancia del pasado, excepto los pensamientos de la infancia frente a un asesinato en aquella pequeña joya titulada Cuenta Conmigo, las percepciones enfermizas de la desasosegante Misery o las realistas reivindicaciones de Dolores Clairbone, te lleva a una época más actual en nuestra sociedad del siglo XXI. Más cercana visceralmente, que la recóndita y apartada situación de los personajes de esta atmosférica 1922, efectivamente producida y elaborada narrativa o conceptualmente.
Pero, a la vez, transitando por los cuidados territorios de la literatura universal y arrullándose en el regazo oscuro de Edgar Allan Poe, el sacrificio y el sufrimiento. Desde esos quejidos entrelazados con plumas de El Cuervo, tan duro como la cabeza de un conspirador, hasta los barriles de amontillado en macabra venganza o las enfebrecidas elucubraciones del amor romántico, aquí sin resonancia. Tan solo en el pozo putrefacto de la maldición, en contraposición con Ligeia, o más explícitamente, con relatos dramáticos y asfixiantes como El Entierro Prematuro. Y sobre todo, cargados de un peso en la conciencia, las visiones de un Gato Negro o El Corazón Delator. Así de grande, para mi gusto literario y fílmico, anda la cosa...

De Profundis, la psique humana. Ante el título clasista del relato, nos retratan un horizonte plagado de campos de maíz y sangre (ecos lejanos de aquellos malvados chicos), en un ambiente totalmente rural, empequeñecido y básico en educación, no tan comprimido por el escenario ni los matices de la producción como el anterior, porque se abre en un abanico de notas asilvestradas, detalles mortales y rojos atardeceres, con reminiscencias a aquel sufrimiento de la mente de Poe.
Nota sincera, es la descomunal interpretación de un actor de Baltimore, Maryland, que reproduce un gutural y amenazador acento, un Thomas Jane (The Thin Red Line, Magnolia) alejado de la imagen del héroe, que ya nos asustara dentro de una escatológica invasión, de ambiente "stephenkingniano" con Los Cazadores de Sueños o la distópica Niebla, y próximamente tras las huellas de The Predator, junto a una rompedora pareja Yvonne Strahovski y Jacob Tremblay. Aquí en un cuento de terror, que recuerda a los seres rudos y malévolos de Charles Dickens, ahora que estamos a las puertas de la visita navideña. El horizonte se cierne cerrado como la mente árida de su personaje, nos dicta con pasmo y la memoria de aquellas fábulas contadas en primera persona, como se convirtió en un conspirador... o emergió la imagen de un cazador, cazado. Simplemente magistral, en la reproducción de los dejes, las especulaciones psicológicas y los estados de ánimo.

Aquí, en la dimensión agrícola del cerebro, nos guía por el terror clásico, el director Zak Hilditch (The Toll, Las Últimas Horas), para relatarnos al oído, hacia el fondo de nuestro ser, las intranquilidades de la mujer evolucionada emparentada en una simpática actriz canadiense y luchadora madre, Molly Parker (American Pastoral, House of Cards), la debilidad juvenil del hijo interpretado convincentemente por Dylan Schmid, cuya primera experiencia en el cine fue en el filme Horns; y las conclusiones extremistas de un conspirador, que de no ser ésta, una producción televisiva, o mi opinión estar tergiversada por la escasez de visionados de cine, recalcaría como ´posible y merecido` ganador de un Oscar por su magnífica interpretación de radical fracasado y contador de relatos, visitado por el recuerdo. Uno plagado de dientes, frío y póstulas... ¡he dicho!
Un triángulo de tensiones acumuladas, similar a una bifurcación truculenta de Dickens hacia la angustia de Allan Poe, o la transmutación metafísica en el campo del sueño de una lechera con perspectivas inciertas de futuro. Como aquella involución psicológica del escritor llamado Jack Torrance, alterando sus percepciones de legalidad, frente al amor paternal o las manifestaciones inteligentes de un ser racional, arrebatado en brazos de la locura en el interior del Hotel Overlook... rememorando los recuerdos y otro número, el 237 de aquella habitación.

Como dije, 1922 no pertenece a una puerta abierta a la imaginación, sino que destaca por su ambientación apocalíptica, dentro de un mundo interior, cada vez, más y más oscuro. Solitario... un ejemplo visual o perspectiva del mal, en el contexto de una fecha concreta para la historia de EEUU, donde los personajes describen las tensiones de una perspectiva hermética, un alejado futuro en el medio rural, con participación de un matrimonio roto y sus disputas territoriales o emotivas, más, la consideración teórica y confusa de un hijo entregado al poder absoluto y corrupto. Un triángulo tan estirado y extremo, que se rompe en pedazos, con las decisiones catastróficas que terminan en crimen familiar y avisado a trazos. Un atardecer rojizo, que no matiza las intenciones ocultas, un vistazo a una mirada enfermiza y colérica, por su realidad distorsionada tras la paredes. la ojeada al mango de un hacha sobre el tocón, clavado sobre sus anillos, una tapa de madera cartesiana frente al porche de su hacienda, que podría convertirse en la tapadera de la vergüenza familiar o la culpa, y el mango hiriente de un instrumento de cocina. Nada romántico por supuesto, sin embargo, comparable visualmente a las distorsiones oníricas de Poe, en aumento imparable hacia las tinieblas personales, e igualmente descrito con precisión literaria... aunque, menos quirúrgica de lo deseado para algún pensamiento demasiado alegre, a priori...

Hemos dejado el instinto animal de Cujo y la postración obligada de Misery, mutado por un asco visceral, el odio patológico y la mente conspiradora del hombre. La posesión sin aceptación se oscurece en repugnancia y sonidos de elementos escatológicos o naturales, que residía en las diminutas e insistentes mandíbulas del Alimento de los Dioses o Willard. Ante la decepción y la desgracia de un antiguo compañero, ´descarnado` por un siempre interesante actor como Neal McDonough, conocido por aquella terrible Ravenous, su aparición en Star Trek, Minority Report y Banderas de Nuestro Padres, o protagonista en series como Arrow, Agent Carter y Legends of Tomorrow. Muy recomendable su diálogo ante el gélido ambiente de la decepción y la repugnancia.
Todo tan cambiante, tan tenebroso, que parece increíble que el detonante fuera un práctico y simple cambio de planes. Dos pareceres tan divergentes como encontrados sobre los muelles oxidados de una cama étilica; mientras el conspirador corrompe los oídos inocentes, alza la voz que se confunde en la noche como un cuervo negro, porque la oscuridad no acaba más que empezar sobre su cabeza, goteras y nieve, recrea futuras conexiones emocionales con películas sobre bandidos del tipo Bonnie & Clyde, ahora sí con un romanticismo llevado a la exageración... ¡aquellos malditos dientes!, resonancias del Spider de Cronenberg, negras como las alas compungidas por el miedo, la soledad, herméticamente encerrado en su propio desvarío psicológico y una decrepitud física... ¡Nunca más!

Imparable descenso a los infiernos, con procesos oscuros de un Eclipse Total en sentido contrario, locura aún sin Cell, Plymouth Fury´s o ´Dolores`, y más obcecados que una mirada a La Ventana Secreta. Apuntes rememorados de la conexión del mundo literario con la reflexión o la patología narrada paralelamente, percepciones fantasmagóricas que se tocan en la oscuridad de la mente, semejante a esa sensación de una constante amenaza, aderezada con chillidos estridentes y penetrantes, como una mordedura sobre la carne, y en primera instancia, la exhibición de un horror con reminiscencias góticas en tonos y profundas perspectivas de espanto. Porque, inversamente, 1922 posee memorables actuaciones y se materializa en ´resplandeciente` adaptación de un cuento de realismo terrorífico por el director Hilditch, el canal de televisión Netflix mezclado de cine con mayúsculas y el rescatado novelista Stephen King.
Aunque, inevitablemente como la muerte... no los veamos cubiertos de oro.

Castle Rock Series.


Mr. Mercedes, Tv Series.


Tráiler Small Crimes, de E.L. Katz.


Tráiler Proud Mary, de Babak Najafi.


viernes, 1 de diciembre de 2017

The Social Network.

Mr. Fincher rueda a los nuevos profetas.

Multimillonarios por accidente

Jesse Eisenberg se ha convertido en poco tiempo, en el nuevo Tom Hanks del cine norteamericano. Ya llevaba un par de trabajos, cuando M. N. Shyamalan se fijó en él, para su película El Bosque (Notable). Posteriormente, entraría con derecho en el club de los millonarios, por los nodos de una red social.
David Fincher también vio ese camino, cuando fichó como creador de efectos especiales, en la empresa Industrial Light and Magic de George Lucas. Así, entraría en el club de productores importantes de Hoollywood. Además, demuestra en The Social Network, ser un hacedor de repartos con futuras estrellas (el propio Eisenberg, el nuevo "Spiderman" Andrew Garfield, Brenda Song, Patricia Rooney Mara, y el ya conocido Justin Timberlake).
Un buen actor, Kevin Spacey se convierte en productor, viendo la posibilidad de contar una historia con un importante éxito profesional, por la repercusión y la novela de Ben Mezrich. Unos chicos convertidos en millonarios en breve periodo de tiempo, y creadores de una nueva "religión" para cibernautas.

La red social se lleva estudiando en sociología (otra nueva religión) desde el viejo siglo XX. A través de la teoría de grafos, es decir, las entidades o grupos que conforman una estructura social, formada por nodos o vértices y relaciones más complejas que son los enlaces o aristas entre ellos. Pudiendo existir infinidad de niveles, conformando un intricado mapa de información.
En estos niveles, coexisten pequeños núcleos egocéntricos de carácter personal. Así, esta tarta mediática tardaría poco en unirse al devorador espectáculo de las ganancias financieras. La importancia de la red, a partir de entonces, se mediría por el valor de su capital social.

Este hecho de cierta exclusividad, convertirá a La Red Social en una verdadera película de terror, donde entran en escena, la creación de nuevos profetas y redes de manipulación y censura. O se pertenece a dichas castas, o te conviertes en personaje rechazado, donde caben amenazas, demagogias y persecución personal mediática.
Mediante, el método Milgrain, que cuenta la posibilidad del universo reducido, donde 6 grados de separación (un mensaje debilita su contenido en una cadena de información con unos seis pasos entre comunicantes, dejando la síntesis incompleta).
Y las redes sociales, se multiplicarían con infinidad de oscuros recovecos.
Cuando dos jóvenes mentes, salidas de la universidad de Harvard en 2003, Mark Zuckerberg y Eduardo Saverin, unen sus esfuerzos para crear Facebook, (simplemente para calificar el atractivo de sus compañeras de estudios); no pensarían en la repercusión social en la actualidad. A ellos, se les uniría el creador del código de Napster, Sean Parker o Justin Timberlake.

Ahora, estos mismos pasos son los que separan cualquier tipo de información, o la conexión entre dos personas cualesquiera a través de la red. Así, en 2002 comenzaron a multiplicarse el número de sitios web, y la aparición de grandes monstruos como MySpace o Xing. Pero, el terror de la red social, también aparece. Dos nodos en colaboración pueden mantener una comunicación positiva... o negativa. Y una compleja, estructura del clasismo académico, donde los individuos periféricos alejados del centro, pueden ver comprometida su felicidad.
Así, Jesse Eisenberg... millonario... famoso. Se encuentra esperando una comunicación que... nunca llegará. El tiempo le ha dejado apartado de su gran amor, y por tanto, de la felicidad.

Esto convierte a las redes sociales, en enormes bolas de nieve, que crecen y crecen... Pero, que están dominadas por las llamadas oleadas cero. Pudiendo manipular, censurar, extorsionar, siendo verdaderos hervideros de todo tipo de conspiraciones.
Relativamente, llevo poco tiempo en el mundo de los blogs, pero, he podido comprobar este hecho. En breve espacio de tiempo, navegando con pocos ´clicazos` de ratón (quizás menos de 6), he podido llegar desde la Puerta del Sol, al radicalismo más recalcitrante... No os diré, hasta donde, porque realmente me asusté y dí marcha a atrás,... jeje, no sexualmente. Espeluznante.

Sólo, os puedo decir que, el film La Red Social se publicitó con el eslogan "codicia, obsesión, imprevisibilidad y sexo". Se quedaron cortos...
Esto, se ha convertido en un nido de víboras.
Todos, podemos salir inoculados.
Espero que tengamos los antídotos para tanto veneno...
Si no controla, esta amalgama de nuevos iluminados en crecimiento exponencial, esto nos estallará en nuestras propias narices.

Yo, ya informo de los riesgos, a lo que se enfrentarán los padres del presente y otros futuros. Mirad y controlad, a vuestros hijos...
Esto es, The Social Network, de un genio llamado David Fincher.
Aunque muchos se quedarán con el atractivo de la fama y el dinero. Es, además una advertencia, una denuncia... Y una gran película.
Como nota de este hecho, recomiendo vívidamente los documentales titulados Fábrica de Espías, sobre la agencia de seguridad de USA en los actos terroristas del 11S. Y el titulado El Espía de Bin Laden. Terroríficos!!!. Pulsa aquí.


**** Notable ****

La banda sonora está a cargo de Trent Reznor, compositor multi-instrumentista de nombre artístico Nine Inch Nails (y ha trabajado con Bowie o Marilyn Manson):


El productor e ingeniero, Atticus Ross con su nombre artístico 12 Rounds, es el otro creador de la banda sonora (compositor de El Libro de Eli, y ha trabajado con la banda Korn):


Este tipo me cae bien, Jesse Eisenberg, simpático y buen actor. Estos son sus próximos proyectos, Zombieland 2 y su colaboración en la nueva de Woody Allen con Ellen Page, Penélope Cruz y Roberto Begnini "Bop Decameron".
Mientras tanto, os dejo el trailer Why Stop Now (Sundance). Dirección novel a cargo de Phil Dorling y Ron Nyswaner. Protagonizada por Jesse Eisenberg y Melissa Leo.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Zodiac, de David Fincher.

El Sarcasmo del Asesino del Zodiaco


En 1968 (año de nacimiento del que suscribe), una personalidad paranoica, con grandes ínfulas de Superstar, hizo propagar su terror en la escena social y judicial en U.S.A., en la zona norte de California.

Alguna de sus 7 víctimas, aparecería en San Francisco, una bella ciudad de la costa oeste americana. Nos situamos en una ciudad mágica, en plena efervescencia de los derechos civiles, la guerra de Vietnam y la cultura hippie de haz el amor y no la guerra. Estos hechos, serían caldo de cultivo, de la personalidad de Zodiac. Cuando se recorren las calles de San Francisco y su bahía, se notan los ecos de la historia reciente del siglo XX, una mezcla de modernismo y construcciones con aires europeos y coloniales. En la que, la mano del hombre controla el entorno con su impresionante puente.
Esa mezcla de personalidades, jóvenes en busca de libertad, cerebros lavados de patriotismo y heridos devueltos a casa del Tío Sam; dan como resultado un personaje salvaje y con deseos de protagonismo. Sí, es un monstruo, con su juego amoral contra las autoridades políticas y policiales, consigue su propósito de llamar la atención a todos los niveles.
Poniendo en jaque a la sociedad californiana, con sus burlescos criptogramas (algunos aún no han sido descifrados), se alimentaría del miedo de sus conciudadanos. Con su sarcasmo criminal, se convertirá en un personaje magnético para los medios de comunicación (en aquellos momentos la prensa escrita y después, a través de libros y el cine).
El trabajo sería encargado a David Fincher, por su recreación de su anterior y terrorífica historia de otro asesino en serie en Se7en (Abandona el proyecto de Black Dhalia, irregular film de Bryan de Palma). Se ve atraído por la historia de Zodiac ya que vivió de niño dichos acontecimientos, en un pueblo de la zona.
En Zodiac, entran en juego, tres actores de gran nivel, sobre todo, Robert Downey Jr., que dota agriamente de causticidad y veracidad a la cinta. Se crea, por tanto, un paralelismo de los protagonistas con el asesino. Son arquetipos del antihéroe, plagados de problemas personales, y con necesidad, de cierto reconocimiento social, quizás, menos el policía representado por un magnífico Mark Ruffalo.
Así, el guión evoluciona a grandes pasos a la empatía por el fracaso de sus personajes. El aprendiz de héroe, con delirios de grandeza, fagocitará con sus investigaciones al maestro periodista y al policía. Al igual, que el psico-killer, conseguirá permanecer en el anonimato hasta nuestros días.
No podemos decir, que David Fincher se destaque por el sentido del humor, pero con su acidez consigue esa admiración diabólica, hacia los seres depravados (recordemos a Kevin Spacey y su creación Jhon Doe). Antisociales dotados de enormes dosis de provocación, (son como "antisistemas" desaprovechados en manos del Mal), y es que la maldad siempre tuvo gran atractivo en el mundo cinematográfico.
Desde los clásicos, Frankenstein, Drácula o el malvado Zardok (siempre será recordada la escena del fotograma con la firma de Zodiac), hasta los auténticos monstruos más cercanos, nuestros vecinos, Jack el Destripador, el Estrangulador de Bostón... y el Asesino del Zodiaco. Los primeros solo existían en la mente de sus creadores y luego, de manera colectiva, en el cerebro de los lectores o espectadores. Los segundos son el fruto de la sociedad y las desviaciones de nuestras mentes enfermas.
Ambos, son y serán, ancestralmente, el reflejo angustioso de nuestros miedos internos, y sin perder un gramo de su poder de atracción.

Santana - Soul Sacrifice (Woodstock 1969) B.s.o. Zodiac


Otra muestra, de la repercusión de Zodiac, hasta nuestros días:


Películas recomendadas con ... David Fincher:

Zodiac (D. Fincher, Sobresaliente)
El curioso caso de Banjamin Button (D. Fincher, Sobresaliente)
Se7en (D. Fincher, Sobresaliente)
La red social (D. Fincher, Notable)
The Game (D. Fincher, Buena)
El Club de la lucha (D. Fincher, Regular)
La habitación del pánico (D. Fincher, Regular)
Alien 3 (D. Fincher, Floja)

martes, 28 de noviembre de 2017

Mindhunter.

Mindhunter: en la mente del monstruo.

Nuestro querido y cafetero, agente especial Cooper, debió abandonar hace bastante tiempo, las instalaciones del Buró Federal en Quantico, para acercarse a la onírica población de Twin Peaks y dedicar su mente brillante a las pesquisas del asesinato que, más conmocionó a la generación televisiva de la década de los 90. Acaparando todas las miradas, con aquellas conversaciones que planificaban la ficción de los monstruos más inhumanos, con escabrosas relaciones personales y mucho más reales.
Ahora (en concreto para un servidor) entre otros factores argumentales, el FBI, Netflix y el director David Fincher, nos mandan una serie de entrevistas con algunos de los peores, o más terroríficos, asesinos en la historia negra de los Estados Unidos de América; al más puro estilo visual de Se7en y sus horrendos crímenes o la medida estrategia visual de Zodiac, así como el ambiente psicológico de peleas semánticas en The Fight Club o atmósfericamente denso de Panic Room, para pasearnos gráficamente por los endiablados escenarios del crimen y desearnos, con sus trabajadas escalas psíquicas y recuerdos necrológicos, unas muy ´felices` navidades a todos los espectadores, que no se han conmocionado aún.
Laura Palmer, hubiera estado encantada de haber conocido a estos pioneros y referentes del crimen sexual... en persona.

La Raíz.

La serie se centra en escenarios por diversas localidades de distintos estados de USA, saliendo de las prehistóricas condiciones técnicas de Quantico (Condado de Prince Williams-Virginia) durante la época de finales de los 70. Una época de contradicciones, cuando se terminaba de salir de una guerra y una posterior etapa de idealismo pacífico, que regresaría a las ejecuciones, criminales o preventivas, tras aquel verano del amor que finalizaría abruptamente, debido a las acciones psicológicas de Charles Manson (recientemente fallecido durante la cadena perpetua) y su Familia de ejecutores. Con su novedosa ideología de la anarquía, al estilo Helter Skelter, y de tensiones raciales con tendencia apocalíptica, sobre los alrededores del Valle de la Muerte en California. Que le convertirían (desgraciadamente como otros) en referencias del mundo de la criminología, a grandes escalas patológicas.

Literariamente, los hechos históricos son narrados en primera persona por John E. Douglas, antiguo tirador y negociador de rehenes, como agente especializado con su primera investigación en 1970 en Michigan-Detroit, y precursor con Robert Ressler, de la elaboración de una lista de perfiles psicológicos y orígenes criminales, sobre algunos de los asesinos ´secuenciales` más renombrados, en los comienzos dubitativos de la nueva Unidad de Ciencia del Comportamiento dentro del FBI. Luego todo ese trabajo de campo, en las prisiones no preparadas mentalmente para su labor de inteligencia, tuvo su desarrollo en la nuevo división del Centro Nacional para el Análisis de Crímenes Violentos o sobre las páginas de dos libro o ensayos profesionales, titulados "Homicidios Sexuales: Patrones y Motivos" y "Manual de Clasificación Criminal".
También, se adapta al escrito conjunto Inside FBI´s Elite Serial Killer Crime Unit, con el escritor y reportero Mark Olshaker, tras su jubilación en 1995, donde se cocinan las tensas entrevistas y se fundamentan los principales personajes, como la pareja de protagonistas y sus sufridas familias, de esta magnífica y envolvente serie reconocida internacionalmente, como MindHunter.

Antes de convertirse en Jefe de la Unidad de Apoyo a la Investigación, aquellos hombres evolucionados de Quantico, tuvieron que enfrentarse a diversas vicisitudes para lograr su extraordinaria coordinación mental y función de aprendizaje, sobre un terreno aún escasamente practicado. Entre las que destacaban las presiones por estados de conciencia, los terribles casos de violencia sexual, los cansinos viajes y las primeras subvenciones para el desarrollo de la actividad, la moral teológica e histórica, los escenarios desafiantes y las posibles alteraciones en la conducta de los incriminados.
Rodada en Pittsburgh (Pennsylvania) en el año de 1977, perfectamente ambientada como aquella maravilla visual de Zodiac, los primeros pasos se adentran en una perfecta estructura, subordinada a la actividad intelectual y al condicionamiento científico del estudio, conociendo las mentes encargadas de elaborar los diferentes episodios, partes residuales del crimen o anatemas sociales, que conforman un ambiente denso y turbio, hacia el complacido público, admirado de los análisis cinematográficos de Mr. Fincher y de los suspenses policiales.

En el caso teórico del comienzo de una odisea catalogada de extraña, para los patrones de una Academia especializada del Gobierno, los primeros hombres encargados se visten de educadores sociales y sus acciones emprenderán una cruzada con la inteligencia. Con sus trajes oscuros y zapatos brillantes, en centros educativos y oficinas de policía local, se hacen a sí mismos o construyen las bases de la Ciencia del Conocimiento, a través de la experiencia, la conversación práctica y la automatización de fallos o resultados con éxito, hasta conseguir el respeto o la admiración del público de la serie. También, debido a la fuerza de sus trabajos interpretativos, como condicionantes de un universo paralelo, tan particular como privado.
Ellos serán los psicólogos ante nuestro horror, convirtiendo lo insano en necesario o teóricamente científico, desarrollando diversas teorías que marcarán el futuro federal del Bureau, facilitando nuevas formas de entender la actuación policial o las relaciones con los medios de comunicación, así como nuevos programas de prevención en las escuelas para intentar reconocer las actitudes más peligrosas o desequilibradas sexualmente. Aquellas que puedan condicionar a nuevos monstruos en el futuro y sus conductas delictivas e inhumanas, o relaciones dentro del ambiente carcelario.

Porque así fueron los siguientes ensayos, insanos y macabros, adoptando las poses necesarias para sintetizar el mensaje y empatizar con mentes perturbadas. Podrían ser cazadores secuenciales de conductas, pero, su función principal era el estudio para capturar nuevas piezas, como ellos, investigando las calles (ahora las redes sociales) y comprobando sus posibles movimientos, con el fin de no cometer errores sangrantes. Consistía en un organigrama básico, al que los éxitos concedieron algunas ayudas económicas de la administración de justicia, para ampliar el margen de actuación y estudiar más casos, de los entonces denominados asesinos secuenciales.
Los tentáculos se extendieron desde esa pequeña población de apenas 500 habitantes, perteneciente al área metropolitana de Washington D.C., desde la triangulación geográfica entre el mítico río Potomac, la base de los marines norteamericanos y dicha residencia de nuevos reclutas o estudiantes del FBI, desde su fundación en 1908. The Bureau, iba a canalizar esas ayudas, con las que no contaban unas décadas antes, durante las tensiones políticas con los movimientos comunistas, la etapa de la Ley Seca y los negocios de las familia mafiosas, los movimientos supremacistas como el KKK o numerosos casos de corrupción empresarial y política. El FBI recondujo un mayor esfuerzo, a la comprensión de actividades cognitivas o neuronales.

Aquel inicio, significó la localización de numerosas oficinas por los diversos estados, pequeños organismos de control federal en determinadas ciudades o poblaciones, más funcionariado dispuesto a prevenir posibles asesinatos de índole sexual o de odio, ampliaciones de recursos e innovación tecnológica, archivos y comunicaciones acordes a su relevancia social, más testimonios de los que aprender para evaluar otras desviaciones amorales, en definitiva, más detenciones de estos monstruos (enfermos o no) que escapaban a la investigación por condenas a muerte de los jueces y que, actualmente, también dañan con severidad a la humanidad y a nuestra forma de vida moderna. Gracias al anonimato que, precisamente, les otorgan nuestras sociedades modernas o el tamaño creciente de las grandes ciudades con decadentes guetos.
Por tanto, la determinación de unas mentes para cambiar la historia en la investigación policial, ajustada a los tiempos que corrían y las desviaciones de nuevo cuño, con una novedosa estrategia que marcaría en una nueva escala de valores, por siempre, a los criminales violentos, depredadores sexuales o violadores, sociópatas pervertidos, maltratadores vengativos, pedófilos degenerados... es decir, aquellos que hoy conocemos como Serial Killers.

El estructura troncal.

Principio de los años 90, el agente Cooper y otros más cinematográficos como sus colegas en El Silencio de los Corderos (1991) demostraban que las investigaciones se hacían mucho más técnicas con evaluaciones y estratégicas entrevistas, se emplearon intelectualmente para acaparar las miradas de seguidores y espectadores, en dura competencia con las mentes opuestas. Las parejas de agentes empezaban a establecerse y formalizar relaciones a tres bandas (privacidad, protección de la sociedad y justicia) poniéndose en peligro, mientras, todos deseaban que las víctimas de crímenes violentos fueran compensadas, al menos, con la detención de sus crueles verdugos.
Poco después, en el año 1995, David Fincher había penetrado, de manera incisiva y repetida, en nuestras cabezas con aquella sobresaliente Seven que nos impactara por su crudeza o violencia, y sus dos compañeros de fatigas acosados por delicadas posturas personales o familiares. Brad Pitt y Morgan Freeman, en paralelo, se adentraban en un mundo metafísico de pesadilla, convirtiéndose en el referente del detective moderno y sus diferentes métodos de actuación. Mediante un aspecto psicológico importante, se mostraba el aspecto de un verdadero asesino en serie en ojos del personaje interpretado por un Kevin Spacey convincente y aterrador, con su distorsionada realidad frente a una sociedad, donde el sistema educativo, la familia y las relaciones sexuales, se exponían como detonante.

Protectores y monstruos, con cadenas o sin ellas, agrupados alrededor de una mesa compleja, repleta de detalles y fotografías, nada de golpes de efecto o retrato de una violencia expresa. La mente hace el resto, nos horrorizamos con las simples palabras de sus protagonistas o las expresiones de degradación intelectual o ética.
Por tanto, la complejidad de la serie Mindhunter se expande a distintos niveles, como las conclusiones de un estudio criminal que intenta reunir características semejantes en los detonantes de la violencia, o referencias psicológicas y médicas de los individuos, que son apresados en un mundo descontrolado de alucinaciones, vicios patológicos, maltrato y depravación. O la simple demostración del poder salvaje frente a una víctima inocente o más débil físicamente, como las mujeres y la infancia. En este lugar oscuro de las conexiones cerebrales, se establecen las realistas actuaciones de los artistas expuestos a tales vejaciones o cuestiones morales, con una batalla entre la inteligencia y la labor profesional del actor, con notables representaciones perfectamente caracterizadas y extrapoladas al horror de monstruos del pasado o muestras de un futuro decadente. Son el convincente Cameron Britton (S.W.A.T series) con el retrato del inteligente y depravado asesino Edmun Kemper, hombre-monstruo como una montaña aparentemente ejemplar y cabal, que te deja sin aliento, con superficiales nexos afectivos y malsanas relaciones maternales. Un joven violador, igualmente con cadencias de cariño en la niñez, clavado por el actor Sam Strike, un salvaje desequilibrado llamado Richard Speck interpretado por un desquiciado Jack Erdie, un triángulo maquiavélico con los actores Jesse C. Boyd, Jacke Renee Robinson y Joseph Cross, sobre un ambiente turbador entre el amor y el odio. Cada uno con sus terribles perspectivas vitales u obsesiones. Y la presencia enfermiza también enorme físicamente con el actor Happy Anderson, una triste y perfecta representación del fetichista Jerry Brudos; además de un caso de abusos dentro del sistema educativo y, por último, una constante amenaza en los comienzos de cada episodio, secuencialmente hablando. Se trata del terrible Dennis Rader también conocido como BTK, que anduviera 20 años cometiendo horribles torturas y crueles asesinatos.

En este nivel de la estructura cinematográfica o televisiva, nos encontramos con los verdaderos protagonistas en la ciencia de la investigación criminal, con el cantante y actor de Lancaster (Pennsylvania), Jonathan Drew Groff (Frozen), que se convierte en una parte esencial de la mente del espectador, con su interpretación del brillante Holden Ford, basado en las experiencias del agente John E. Douglas y una fuerza mental arrolladora. Su compañero, el agente interpretado por Holt McCallany (Gangster Squad, Sally) personaje basado en Robert K. Ressler (perfilador de asesinos en serie), más experto y dañado por las circunstancias delictivas de los entrevistados y sus percepciones de la agresividad frente a esa supuesta comprensión aparentada y trabajada en sus cuestionarios, que le traerán quebraderos de cabeza en el trabajo y el hogar, como auténtico padre de familia.
Porque, otro de esas derivaciones desprendidas de los casos, es la afectación de otros miembros de la familia Mindhunter, no menos significativos, bellos e inteligentes, son los ejemplos de mujeres, con Hannah Gross (Unless) como una joven despierta, hábil y con enormes atractivos en el comportamiento diario, tanto físicos como mentales, la novia que todos quisieran tener; o la psicóloga sensual interpretada por Anna Torv (Fringe, The Daughter), también con singulares aspectos que resultan enormemente atractivos para el género masculino, metódica y curiosa, en especial en su relación sigilosa con los gat@s... o uno muy en particular. Ambas alejadas de la vida familiar o en pareja, comparativamente la esposa interpretada por Stacey Roca y el pequeño ´espía` de la casa.

La tercera capa de esta magnífica serie, es la ambientación con propagación de imágenes de entrevistas en presidios de diferentes estados, frías y inquietantemente atmosféricas, donde las palabras hieren como cuchillos en la mantequilla y se despluman las verdaderas ´habilidades`. Las rutas en coche a través del conflicto personal, de vuelta de la rutina, rodadas entre la penitenciaría de Mundsville en West Virginia y la vuelta a sus hogares en Pittsburgh, desde la enseñanza en las comisarías locales e investigaciones aleatorias en diversas poblaciones, a las instalaciones del FBI en Quantico o los despachos oficiales en Whasington. Todo un universo conectado de actividades a pie de calle y casas destruidas por dejadez, odio u omisión, enfermizas y sucias como cárceles interiores, sobre las camas, los devaneos y necesidades individuales, los afectos de pareja y sus derivaciones relativas a otros sexos, en comparación con la pulcritud aparente del oficialismo entre la administración de justicia y las decisiones económicas y moralistas, o esas capas ocultas entre representantes federales del Estado y las decisiones políticas o sociales, como el detective Ocasek de un genial Alex Morf o el detective Carver interpretado por Peter Murnik.

Aquí, en estas estructuras relativas al poder y el ámbito exclusivo de los personajes, con la cuestión de la pena de muerte como espada de Damocles, la inmersión de una próxima capacidad tecnológica u humana en aumento, las concesiones a los presos en forma de dádivas o ideas, las diferencias entre investigadores federales y las policías comunes de los distintos territorios con profesionales de la actuación perfectamente ensamblados o distanciados. Entre la educación y las posturas religiosas de rancio abolengo, divergentes, las comunidades con un iluminado de carácter mesiánico, otra forma de nueva delincuencia muy peligrosa; y la vigilancia o espionaje interno, promovido por los superiores y con el jefe Shepard como balanza con sus hombres y esa gran mujer, caracterizado por el actor Cotter Smith o el contradictorio agente Gregg en la piel de un ambivalente Joe Tuttle. En una perpetua tensión narrativa, se desarrollan los mecanismos sórdidos o los momentos beneplácitos o agradables, casi todos sarcásticos, más vitriólicos que demostrativos de un grado determinado de humor o sensación de comedia.
Mediante las nuevas prácticas federales de evaluación de los casos más radicales e individuos extremos, se propaga la complejidad de la mente a través del estudio y la falta de enseñanza adecuada, la reflexión en la investigación, la exploración del lenguaje y la expresividad postural, las miradas de aceptación o de asco reprimido, el miedo opresivo de las víctimas, las diferencias entre sexos, entre lágrimas o entre sábanas.

Para finalizar, la cuarta etapa significativa es un guion adaptado que, no se anda con rodeos, pero demostrativo de una maravillosa capacidad de síntesis o estableciendo metáforas vitales en el ámbito privado. Situaciones que te traspasan la piel y aleccionan a tus neuronas con la calidad de los diálogos y ejemplos, las secuencias inteligentes desbancando de nuestras pantallas, cualquier rastro de sangre efectista o satisfacción condicionada por homicidas tan reconocidos mediáticamente... ¿o deberíamos denominarles, psicopátas o depravados sexuales de mujeres, en general?
No sólo por las excelentes atribuciones orales de los manifestantes, a uno u otro lado de la justicia, sino por las curiosas escenas que se producen fuera del ambiente carcelario o policial, demostrando que nuestras conclusiones respecto a la justicia y las atracciones sexuales, se guían por las experiencias y los desajustes en determinadas edades. Con el cerebro como protagonista absoluto, se adecuan las canciones de su banda sonora, los gestos y sonidos, con las personalidades de sus atractivos o degenerados personajes, parece que en una tensión continua de sus diferentes hemisferios, patologías o formas de pensamiento. En un mínimo debe, quizá falten las intensas relaciones entre reclusos entre sí o las opiniones de los custodios o máximos representantes carcelarios y del derecho penal... Aunque eso sería una nueva capa conigtiva sobre la misma historia.

El Diez, neuronal.

Siempre parece haber un detonante en todo comportamiento humano... Una vez analizado, el último capítulo en la mente del asesino en serie, deberíamos preguntarnos por la brillantez fílmica de Mr. David Fincher, analizando la puesta en escena y aseverando que resulta un compendio de todas las virtudes que se orquestan sobre las partes narrativas y visuales que conforman Mindhunter.
Tras las palabras de los personajes, descubrimos que la esencia mental origina todas las tramas y se instala sobre sus conexiones neuronales, desde esta fabulosa entrevista de la pareja de agentes, sobre la pista de un ´presunto` asesino y violador de una menor, hasta los entresijos de la información sonsacada... o las cuestiones endiabladas que realiza el investigador Holden Ford, para liberar el interés de un acusado insoportable y su desproporcionado ego. Esto es, la necesidad intrínseca de aumentar su popularidad a través del crimen y un extraño reconocimiento.

Para elevar esta calificación escalable, su futuro se va tiñendo de un rojo crudo, tanto que la visión de la sociedad se vuelve inestable ante la amenaza infusa. Sin aliento, entrar en pánico y e brazos del horror, con los ojos en blanco a unos centímetros del suelo... o del horizonte cinematográfico.
Nos educan para ser fuertes ante los retos de la vida y tratando de cultivar nuestra inteligencia con experiencias y datos, pero, escasas veces, nos preparar para dominar nuestros miedos, cuando te rodean con su aliento fétido dirigido a dominar tu pensamiento. El futuro es la silla eléctrica o el abandono, mientras el FBI seguirá estudiando sobre el control de la mente para evitar otros horrendos casos y ambientes peligrosos para el inocente. Uno, desentrañando su realidad paralela con respecto a la sinceridad y el amor; el otro, descubriendo la verdadera intención que se esconde tras los diálogos o las expresiones de dolor... aunque las palabras sean hirientes o malsonantes. En busca de esa amistad fuera del lado oscuro o profesional.

Ellas, sincerándose con su pensamiento, intentarán probar, desentrañar, porqué la justicia cierra determinadas bocas, y los ojos, ante los nuevos desafíos de la sociedad actual, donde la falta de comunicación puede romper lazos y cambiar las cadenas por descargas mortales.
Las decisiones no son fáciles, menos en este episodio vertiginoso, morir ahora o silenciar para siempre. O tratar de comprender el desamor (sobre el trabajo o la rigurosidad del estudio), desnudando el odio en nuestra mirada... Otro gato muerto en la oscuridad... del alma.
Los indicios son tenebrosos, tanto que "vamos a necesitar hablar con más sujetos", en este submundo o en Mindhunter II, tendidos frente a ellos o la oscuridad, con las pupilas fuera de órbita a causa de ese pavor que te congela, y deambulando de nuevo, entre monstruos.

Mientras el futuro se aproxima en otra era criminal, vamos a luchar con Holt McCallan en el filme Shot Caller y una aparición en Justice League, Hannah Gross en Marjorie Prime y un próximo trabajo en Fat Tuesday, con Anna Torv en la película Stephanie, y con Cameron Britton visitaremos el pasado en la serie S.W.A.T y una anunciada reunión con Lisbeth Salander en The Girl in the Spider´s Web. Además, de desentrañar la vida de Maradona con Asif Kapadia o poder ver a David Fincher rodeado de zombis en la interminable World War Z II.

Su abrazo, ya no será el mismo, pues las reglas del drama han permutado, en diferentes o aleatorias concepciones del Mal. Mucho han cambiado las cosas desde aquella misteriosa historia del asesino del zodiaco, cerrando un círculo vicioso, sin embargo, la maldad, con todos nuestros medios tecnológicos y capacidades técnicas o intelectuales, sigue estando presente en nuestra sociedad actual. Así que vigilen a los monstruos que mantienen su ojo avizor en las calles o domicilios (por televisión o en pantalla grande), y con la mente en cualquier lado... tengan cuidado ahí afuera.


La Cabeza.

Si bien se nota, como nunca en los últimos tiempos, la influencia de la mente de David Fincher en toda la producción para Mindhunter de Netflix, especialmente en los capítulos 1, 2, 9 y... 10, aunque existen otros nombres dentro de esta compleja y admirable serie. Como el productor Jim Davidson involucrado en éxitos cinematográficos anteriores como Instinto Básico, El Club de la Lucha, El Curioso Caso de Benjamin Button, La Red Social o la notable Gone Girl. Además de la curiosa participación de Charlize Theron en materia económica, como la de otros directores que realizan su magnífico trabajo en dos episodios cada uno, como el londinense Asif Kapadia (The Warrior, Senna, Ali & Nino) y ganador del Oscar por el documental Amy sobre la vida de Amy Winehouse, el también británico Andrew Douglas (The Amityville Horror) y el danés Tobias Lindholm (R, Secuestro y guionista de filmes como Submarino y sobresaliente La caza, dirigida por el gran Thomas Vinterberg), de lo que se desprende su enorme calidad plástica y narrativa.

Así mismo, una serie de escritores encabezados por el adaptador del libro originario, Joe Penhall (guionista de la película The Road de John Hillcoat) y auténtica mente en la sombra, nunca mejor expresado. La banda sonora envolvente, con grandes temas incrustados, corre a cargo del compositor Jason Hill, que condiciona ambientalmente los diferentes cambios de escenario y los de estado de complejos personajes y sus desarrollos narrativos. Pasando por los diferentes capítulos o capas mentales, desde la intelectual y la evaluación técnica de las materias tratadas, hasta esa afectación o la inmunización frente a ese tremendo dolor de la pérdida violenta y el horror más insoportable.

Con ellos, las ideas de sus creadores penetran en nuestra mente con una delicada falta de escrúpulos, sobre todo, en la descripción de los casos y la evolución ´empática` de los agentes con las acciones monstruosas de sus confidentes, tan especiales, como un ardor de estómago. Los cambios domiciliarios y las fluctuaciones del dinero para capitalizar sus nuevas funciones, evaluación y prevención, para que nuestros hijos o alumnos, estén preparados razonablemente. Igualmente, que lo está la producción cuidadosamente tratada, con una excelencia fotográfica y un lenguaje a prueba de cesiones, al exceso de insultos o agravios... salvo, alguna que otra excepción motivada por el escaso nivel educativo y sensitivo de los malsanos caracteres.
Además, si nuestras cabezas están preparadas para este tipo de elementos criminales y sus acciones extremas, salvajes e incompatibles con los patrones de libertad o respeto en nuestra sociedad, ya habrá servido Mindhunter como ejemplo en la enseñanza de algunos patrones de conducta... y por supuesto, de la manipulación interesada, la malversación de la historia y el difícil trabajo de un agente de policía.

Ah, qué no se me olvide, un ejemplo de sobriedad expresiva y calidad cinematográfica en el medio televisivo, que se suma a una larga lista de producciones muy recomendables, no para todos los públicos. Pero, que indican la gran calidad de los contenidos y la capacidad artística de los elegidos... para esta novedosa, experimental y agradable, era de la televisión. Entroncando directamente con esta extraordinaria producción y un camino en nuestra historia que, ya nunca, se nos pasaría por alto, la degeneración imparable del asesino en serie y la comprensión psicológica de sus confusos cerebros... manipuladores, inteligentes o minuciosos... a su manera, por descontado.
Abran sus mentes a la espectacular MindHunter y sus creadores.









lunes, 20 de noviembre de 2017

The Leftovers Season III... and Lost (digo Last)

El libro desaparecido de The Leftovers.

Fue un 14 de octubre del año 0, bueno, depende de la mirada de cada lector o espectador, aquel denominado Día de la Ascensión, poco fructífero para el Canal HBO y, por contra, éxito de crítica para la producción de Film 44 y Warner Bros Televisión. Estalla una fractura remanente, entre público y especialistas, cuando había hecho un trienio de aquel fatídico día en que el mundo en su totalidad, perdió aproximadamente un 2% de la población, con un amplio cruce de caminos.
Sin embargo, otros espectadores (entre los cuales me incluyo), no recorrimos aquella aventurada travesía a ningún lugar, tal vez la muerte... hasta pasados algunos años. Tentados por esas críticas fabulosas y muchas sensaciones de incredulidad alrededor de The Leftovers, con continuos cambios de dirección.

Un hecho inexplicable, como la mayoría de precedentes en la literatura de ciencia ficción o los medios audiovisuales con tendencia a la fantasía, que ha escrito una página indeleble en la historia de la televisión, con la distópica The Leftovers y su brillante factura narrativa o visual. Y con sus volátiles protagonistas, es decir los principales sufridores en un caos universal, interpretados por los actores en la serie (casi miembros de la familia) más el resto de nosotros, los espectadores al otro lado de su universo dividido, emocional y metafísico.
Inexplicable y terrorífico relato (temporada I y II), también caracterizado por su avanzado sentido del humor vitriólico en algunas secuencias oníricas, que se convertía en el mayor enigma de los últimos años en televisión, que no el único (veamos Black Mirror, West World, True Detective, Stranger Things, Twin Peaks, MindHunter, etc...). Distopías físicas y mentales que están marcando una era en la historia de la televisión.
Ahora, tras finalizar esta tercera temporada y última corazonada, se podría calificar de una obra surrealista que deja la categoría "lynchiana", para tomar su propia nomenclatura o idiosincrasia.

La ausencia nos acompañó entre dos grandes temporadas de vaivenes temperamentales, para dejar una merma emocional que no desarrollaba explicación coherente ni científica, a priori. Para sentirnos vapuleados en las manos de sus dos creadores, el escritor Tom Perrotta y el productor Damon Lindelof, convergiendo relatos bíblicos con la literatura de terror y el melodrama.
Parece que fuera ayer, cuando miramos por la ventanilla semicerrada de aquel coche aparcado con dos protestones ocupantes, para descubrir al poco tiempo que, el azar divino o los decesos provocados u ocultos, podrían acarrear un desbarajuste social de tal envergadura filosófica o el advenimiento de algún tipo de apocalipsis en la ciudadanía del planeta. Salvo raras excepciones amuralladas, que comprobamos en la segunda temporada con plena libertad creadora.

Aquella catarata de sentimientos, surgía de la nada o el todo, pero golpeaba con la fuerza de un puño metálico o una pedrada ideológica. Con la dureza del cáncer en nuestras vísceras ennegrecidas, una enfermedad mental o la extrañeza de lo incomprensible a simple vista, demostrando que el pánico se puede instalar con la misma facilidad en nuestras vidas, que la profunda sensación dejada con sus imágenes y el dolor de las palabras, en nuestras entrañas.
Los capítulos de The Leftovers han retenido unos rasgos identificativos propios y unos personajes catárticos, que comenzaron una odisea universal sobre los sentimientos y la culpa, las marcas producidas por los recuerdos en los seres humanos... y las acciones de los monstruos. Aquellos que se esconden bajo nuestra piel y transforman la sociedad en un estercolero, los que conocíamos hasta entonces, la volatilidad que va produciendo más acontecimientos descontrolados, dolor, pánico y confrontación colectiva.

De aquel tiempo impactante y durante este convulso recorrido, descubrimos que los caminos a la verdad son tan variados, como las descripciones de los personajes de una gran odisea. Incluso, para los planificadores de un final que se aproxima según todas las coordenadas previstas hacia no sabemos qué lugar, quizá, un paseo por las arterias coronarias.
Por tanto, al igual que el mal enraizado en nuestra mente, existen momentos de claridad y de sombras, lugares comunes al espectador y momentos furtivos como el momento en que Lindelof, demandaba al director Peter Berg, no hacer una toma directa de aquel bebé. La ocultación de ciertos propósitos que ensancharían el misterio hasta el fin, aunque fuera planificado exhaustivamente, pareciera que en los postreros episodios del viaje, los creadores se extravían en los pasos dados hasta ese momento crítico, u ocultan, de nuevo, el sentido narrativo inicial... el pasado y el futuro.

Los Personajes... y sus egos.

Las vías argumentales que toman los personajes, están tan difuminadas como sus egos, unos se instalan en la misericordia y otros actúan contra el devenir, al igual que el resto se identifica con unas opiniones u otras. Ya que el dolor se apodera de cada paso que dirigen hacia la nada... o el todo, como nosotros ante el episodio final o la muerte.
Como en aquel, en que el jefe de policía Kevin Garvey Jr., entre quejumbrosos alientos estertores y la terrible decisión jocosa de la resurrección, te transportaba a un universo desplegado o extendido durante una pesadilla existencial. Tan real que parecía un sueño, tan falso, que sería firmado por un manipulador de marionetas humanas... desde un lugar elevado y remoto. Unos son observadores y otros juegan, en un tablero de apariencias, que buscan la justicia humana o ¿divina? Depende de factores educativos.

Todos en aquel estercolero lujoso, parecían sacados del mundo sacrílego de Luis Buñuel, escogiendo decisiones surrealistas, donde la justicia se confunde con los deseos más personales o nuestro fracaso ante otros vicios inconfesables o prohibidos. Nos dábamos cuenta de la relevancia de la historia, cuando nos situábamos en su lugar, y nos lanzábamos a ese pozo indeseable que delimita el bien del mal.
Entonces, los personajes ya sabían a lo que enfrentarse y nosotros a qué atenernos, macerados por su trayecto emocional, por el sufrimiento y el horror, enfocados a la resolución de una amenaza que convierte a los humanos en simples números, cifras que se volatilizan en el aire. Nosotros también, somos vecinos, hijos, padres o madres, que toman decisiones acertadas o erróneas, ideas de egocentrismo que se instalan en nuestra mente, mientras otros se conforman con la cercanía o el calor del otro, del ser respetado o amado.

Irreversiblemente, paso tras paso en su travesía por el desierto del conocimiento, al reencuentro de su memoria o la tierra prometida, todos nos embarcamos en su odisea. Eso sí, con diferentes motivos o enfoques vitales, sobre eso que describen como destino, y tratando de encauzar las sensaciones pasadas con nuestros recuerdos más íntimos y familiares. Espacios comprimidos para cualquier tipo de ego, excesivo.
Marchamos con ellos, no todos, hacia un lugar donde la realidad se confunde con deseo privado, se mezcla con las injusticias o los tratamientos sociales, tratando de sobrevivir a esos pecados individuales más hirientes con los inocentes, o lacerantes para el alma... si la hubiera. No debe quedar muy claro científicamente, aún.
Es difícil, en estos kilómetros emocionales que restan, regresar al camino de The Leftovers, pues, sería paralelo a una especie de resurrección ´divina`, en las manos de un Asesino Internacional, que irá mutando su inseguridad vital por un argumento más definido. Un salto hacia la aparición apocalíptica del anti-héroe o salvador forzoso, veremos.
Se podría definir a los personajes con una única palabra, incluso las que provienen del silencio, porque amamantados como bebés por una historia tan compleja e indefinida, se mueven a cualquier tipo de apoyo, sea físico o espiritual.

A través de la poderosa imaginación de sus creadores y los principales directores de la serie, como Nicole Kassell, Craig Zobel, Keith Gordon, Carl Franklin o Mimi Leder. Todos bajo el auspicio profesional de Peter Berg; pareciera que la realidad es la ciencia ficción y el amor, la verdad.
Aquel hombre tranquilo, real, ejercitando en zapatillas de running, detuvo su carrera por la atención de un perro suelto o perdido, verídico... que caía abatido violentamente por un estallido mortal, fantástico, procedente de nuestros miedos. ¿El amor o el odio? Y, poco después, la mente creadora descubría que el verdugo era un loco, verdadero, que aquel hombre era el policía, real o ficción, o la víctima transformada en el Salvador aparentemente, diseccionado por la magnífica actuación del actor Justin Theroux y su doble carrera hacia la metafísica universal o la fantasía ética.
Del sacrificio con amor y odio, entre la vida o la muerte.

Ya mutado en héroe doloroso, intentando dejar de lado otras circunstancias propias o mentales, gracias a su fortaleza ante la cruda realidad y los comportamientos criminales de algunos monstruos, comienza este trasiego amoroso de regreso a la tierra conocida.
Mientras en el interior del hogar, silencio, esquizofrenia, reunión de mentes, estableciendo una dicotomía entre el martirio o el milagro, la traición o el interés particular, el recuerdo en blanco tras los acontecimientos de mayor calado o gravedad. Hacia el exterior, la nada entonces, nada hacia territorios inhóspitos que ya no parecen entrecruzados, sino vidas paralelas o reales, con el mismo destino. Con semejante esperanza.

¿Esto significa el fin o el comienzo de otras vidas? La respuesta no era fácilmente digerible ni rápida, más bien, se escabullía persiguiendo fantasmas que se quedaban sin voz, con la mente y el traje impolutos, salvo el olor a nicotina o sangre por los golpes recibidos. Esperando un choque entre damas, blanca y negra, pero... ¿quién sería quién?
Los que no están ya, parecían transcender a todo lo ocurrido, a lo venidero, a las preguntas. Incluso la joven que se acerca de golpe, Meg, no las hacía a su llegada, para adentrarse en una especie de tortura secuencial de la sociedad e impávida de la población. Deseaba romper con el pasado o hacernos partícipes de una maldición, siniestra, secreta... ¿divina?
El futuro está en los hijos, pero, ¿qué harán los padres si éstos desaparecen sin hacer ruído, como ellos? Sexo sin aprobación, respeto, ni amor siquiera.

El policía, padre en chándal que perpetró un error o incidente desafortunado (sexual y sentimentalmente también), olvidando por un instante a su familia. Regresa como el Neo de Matrix... más castigado, más de tres años después. Es un convencido que no se da por vencido ni enterado... para terminar estableciendo la duda infinita, de que reniega en convertirse en nuestro héroe, más bien, cumplir con su función determinada o cerrar un círculo sin fin. Sin ´espoiler` o destripe.
Las madres, en cambio, son el recuerdo de una visita al médico, una enfermedad compartida en familia en el hogar, el recuerdo de una risa o una reprimenda, una mirada atónita al asiento de atrás; el pánico es la callada como repuesta. Significa encararse con sus propios demonios, desporjarse de todo, o subirse a una tarima frente a un público, ávido de las mismas respuestas. Algunas más alambicadas que, los próximos y extraños mensajes escritos en una hoja en blanco, difuminados por el humo de las creencias o dudas existenciales.

El alma de los animales, somos nosotros o la naturaleza intrínseca. El matador de canes que golpeó las fauces con el fuego, es el colega vengativo, no amigo, de la carne de venado que destrozó tu casa. El que facilitó la extraña carga de tu maletero, en aquel primer episodio de impacto. Se extralimita y desarrolla, ahora, con extrañas conexiones cosmológicas o cambios de la materia orgánica, esperando a pudrirse en una caja de zapatos enterrada, semejante a un revitalizador del falso visionario. La imagen del horror en perpetuo sacrificio mental y el exterminador. ¡Vaya un mundo de perros olvidados...!
Los hijos son las ramas que crecen y bifurcan como las hojas arrancadas, de una libreta. El diario hacia la racionalidad o el equilibrio, en el sentido práctico, porque la realidad es otra. La enredada con subterfugios, amistades y erróneas apariencias, tras la fama, la riqueza o cualquier otro sentido para la vida más filosófico... Ellos, acabarán secándose por falta de ideas u otras simientes paralelas, en otro mundo paralelo, fuera del contexto familiar.

La madre es un pañuelo que recoge las lágrimas, es la fuerza que nos mantiene derechos, ya no tan muda ni aconsejada, se nutre de la psicología para ayudar a aquellas personas que perdieron la guía y se conforman con unas palabras sin traición (no escritas, sino dictadas) o ese paño que seque sus lágrimas. El amor de madre o el romántico de la impenitente Nora, se encarama a los recuerdos en un espejo magmático que nos dejará sin palabras, circunflejos ante el abismo que separa las dos realidades o las dos fracciones separadas de tiempo superpuesto.
Existen otras descripciones para las rarezas del comportamiento humano, disfrazadas de pasiones inalcanzables como una niña abusada que juega a ser Dios y se estrella una y otra vez, jugando a disfrazarse, la locura de un abuelo enamorado de las conexiones herzianas, que trata de descifrar quién es quién o quién es dónde, cómo, cuándo.
Algunos elementos proféticos que pululan en las páginas de un libro, se enzarzan en una lucha bíblica, entre la reflexión apostólica que divide, al paradero espiritual que nos espera del otro lado, y lo que encontramos en realidad.

Entre un paraíso celestial y el infierno que arde bajo nuestros pies pecadores, se eleva la serie The Leftovers, sobre nuestras cabezas, como una estatua pétrea. Un peso muerto sobre la estratificación de la sociedad, la multiplicación global y el miedo al fracaso, aunque pintados como fieros leones preparados para el crecimiento proporcional de esa camada, de nuestra familia, ejem.
Por último, describir el malestar de aquellos espectadores, que han observado en esta tercera vía o temporada, que la amiga de los consejos adultos ha dejado esa postura cabal o cualquier otra, que los estudiantes han volado definitivamente como fueron apareciendo los culpables remanentes, que las obsesiones o ideas extremistas, se transforman en relación inesperada a través de un auricular y, que aquel blanquecino acto sexual para la procreación o el fruto de una resurrección cerebral, se perdieron en el olvido o transformaron en cenizas, no de un cigarrillo, sino de una solución salomónica para zanjar otras vías muertas... que los pecados (no forzados o crímenes sanguinarios) tienen diferentes puntos de vista.

Pero, tanto los protagonistas últimos, en esta transición territorial hacia la trascendencia universal, hasta aquellos otros evaporados por necesidad de un término más o menos complaciente, o decisión del guion, se han conseguido instalar en nuestra memoria dentro de sus múltiples mundos. La magnífica The Leftovers, a pesar de esos huecos medio tapados o desubicados, no trata de escatimar la fuerza de sus apariciones por separado y sus pensamientos individuales, dirigiéndose a un encuentro humanista.
Sus personajes han sido adoptados como ´hijos` de millones de seguidores incondicionales, sufriendo con ellos, esa sensación de pérdida emocional que todos padecemos, respecto a nuestros seres queridos. Con sus virtudes y defectos.

Dos más, antes del fin.

Dos más antes del fin, restaban en el anterior comentario, para enfocar estos caminos individuales que definen el hecho colectivo de esa falta. Desde el día del ascenso taimado, todo ha ido evolucionando, nos han hecho que pensemos según nuestras propias dudas en la vida, adicciones, miedos, intolerancias, flaquezas, actos reprobables, visiones, radicalizaciones con aptitudes del prójimo, crímenes, etcétera. Tan próximos a la realidad, que asustaban.
Así los años han ido pasando, apenas unas semanas de nuestra vida real, trasladándose de la familia al vecindario cercano, al pueblo pequeño o la ciudad, a la comarca, al país con sus variados pensamientos, al planeta más comprimido que ayer, a otros mundos... para descubrir que la memoria de sus conciudadanos, las controvertidas decisiones políticas, los recuerdos eran pragmáticos en ese instante de dolor y pérdida. Las ideas que generaron múltiples incidentes, reconocibles hoy, tocaban fondo y nuestra fibra sensible, de una u otra forma.
Y la pérdida personal se traduce en fracaso colectivo, con esas definiciones abstractas o situaciones mentales menos clarificadoras, buscando una solución fuera de toda lógica. Por tanto, algo más abstracto si cabe, la locura es la realidad disfrazada y romántica ¿o no?
Los dos siguientes capítulos, remanentes también, desarrollan ese regreso al vértigo, al encuentro de una bala justiciera que ofrezca el descanso, merecido o justificado. O una palabra escrita en un libro que parecería la copia de otro, más divino e irreal si cabe.
Escrito por la perspectiva de una humanidad enfermiza, falta de creencias reales o sujeción intelectual, que explique la aparición de otras percepciones inexplicables.
El planeta que espera el castigo divino, o la salvación, ante actos pecaminosos o la muerte por motivos contraproducentes, necesita de la aparición de un prometido heroico, tendremos que embarcarnos en ese viaje para conocer su identidad.

Sin embargo, el resucitado parece otra persona, ha sacrificado su labor en los siete años transcurridos, y antes de la fecha de un nuevo día 14 de octubre, se quema ante la falta de perspectiva lógica. Cuando los pájaros de la paz no cantan, o no regresen jamás con el saquito de voluntades y deseos, secretos que, posiblemente, nunca sean escuchados o revelados... Porque, no hay nadie para recibirlos. Porque el tiempo se escabulle entre los espacios vacíos de nuestras canas.

Desaparecieron en la memoria, con cada inhalación, cada disparo en el pecho, cada ahogo o asesinato de una presencia invisible, cada pedrada en la sien, cada traumático destino. Desistiendo de cada palabra o aviso sordo, de cada cabello blanquecino, se fueron perdiendo por el camino, mediante cada movimiento increpante, aleccionado, y purga dirigida por el conjunto o rebaño. A través de cada quemadura en la carne de otra realidad paralela, cada veneno ingerido hacia el paraíso más infernal, también hilarante, cada explosión que impacte sobre nuestras cabezas, cada cerrojo que guarda el sentido o el cáncer de nuestros pulmones... incluso, la posible simiente.
No será nada, dioses humanos en otro sitio desconocido, cenizas en el fuego que todo lo consume, como el aliento de un diablo interior o humano, que nos lleva al suicidio. Al reencuentro del pasado.

Según pronosticaron los ancianos de lugares lejanos, en las antípodas de la moral, la lluvia trae respuestas, en comunicación con los ancestros tribales o los dioses de la naturaleza. Profiriendo encantamientos, detendremos el curso o compondremos canciones encantadas... de habernos conocido, juntos.

A la tercera... ¿fracaso o victoria?

A la tercera, caminamos atravesando un puente incendiado con dolor, fuego e injurias insoportables, que abrasan las páginas de nuestro libro. Discusiones que no deberían haber sido interpretadas, si realmente quieres remediar el problema y atravesar el camino de vuelta... o acabar para siempre en el silencio.
Incluso, hasta ese remoto Milagro que vivimos, podría caer en saco roto, o un molde inservible de plasma para revitalizar las relaciones desconectadas por el arduo viaje. Un vestigio de nosotros que desenterrar, un fósil entre dos mundos, cubierto de palabras de amor u odio.
Al menos, entre tú y él, Kevin sin corazón, si habrá palabras románticas, un baile sincero de necesidades, y tal vez, aderezado de un roce supremo.
Aunque no cantando bajo la lluvia australiana... sino atravesando un océano de lágrimas y recuerdos amargos, debiendo recordar, si éstas serán de dolor o angustia... Si las páginas del siguiente tomo, elegirán entre el placer o la alegría... por la memoria o el futuro.
Pero antes... el viaje o la odisea.

En el siguiente paso, hacia ese diluvio de emociones, caminamos con Diez nuevos capítulos, 2 universales, resucitados con siete viajes personales y uno más. Viviendo ahora con ella, a tu lado... como una familiar que volviera de un trago amargo, de un baile arrebatado por llamas internas, confuso como el humo ciego o la dimensión partida, entre corazones olvidadizos.
Nos disponemos a un largo y distante traslado de emociones, que nos hace olvidar lo que hemos vivido anteriormente, con las sensaciones de una tragedia enorme y, sus consecuencias vitales que se nos escapan del entendimiento o nuestras manos. Hasta condicionar la apariencia de este tercer advenimiento que, casi, no parece el mismo guion de esta serie, al inicio. Sino un camino diferente, del juicio final, distanciándose de nuestros pasos en la tierra y los suyos, en esa otra dimensión..

Los pensamientos exteriorizados, de los principales protagonistas. Desorientados de la mano, todos por primera vez, en pos de esa unión con muchos otros desaparecidos u olvidados, y escrutando un enlace insospechado. Al encuentro de aquellas emociones ancestrales, que nos recuerdan a los niños perdidos, al padre perdido en la locura o las voces, a los amantes perdidos en una cama ocasional, al feto perdido en un suspiro, a los animales perdidos sin amo, a los amigos perdidos y fes perdidas en egos, al amor perdido en viajes apocalípticos, a los mensajes soñados en palomas perdidas, a las canciones perdidas en dudas existenciales... demasiado infantiles para la causa que divide los cielos en dos. Él y tú, perdidos, Nora.

En busca de otros temas, estilos o representaciones surrealistas, más bien, coordinados como sueños enjaulados o pesadillas incompletas en un crucero ´divino`, entre riqueza y lujuria... en una curiosa edición que marca los pasos adultos de los personajes de The Leftovers.
Dispone las condiciones personales de sus diferentes senderos o perspectivas vitales, a la tierra de nuestros antepasados, a las praderas repletas de magia espiritual y canciones de lluvia, que detienen el tiempo y espantan los malos augurios. Sufriendo ante una máquina llamada Tierra, hogar de todos, que va muriendo paulatinamente, desapareciendo a bocados de animales salvajes, como los recuerdos que se borran de nuestra mente o las preguntas que se quedaron sin hacer.
Cada personaje vivirá su particular odisea, en busca de esas respuestas...

Aterrizamos lejos, con miras a otro mundo, con el énfasis de un drama emocional que los arrastra a una pesadilla íntima y personal, con esa estética surrealista de un estallido planetario. A la espera de un sueño danzante que, empezara como una angustiosa pesadilla de desapariciones y sigue con una explosión atómica de sentimientos.
Las visiones oníricas, significan una involución. Fueron psicológicas, mensajes sin asunto ni concepto, primariamente enclavadas en el corazón. Por tanto, asuntos emocionales sobre la pérdida, que transfieren la culpa general, que manifiestan el simbolismo artístico de la humanidad en sus albores, los prejuicios del mensaje incompleto o las faltas que se suceden al escucharlas o leerlas, en silencio. Porque esa es la naturaleza instintiva y cognitiva del carácter humano, en relación con los demás.

Condicionados histórica y comunitariamente, por las noticias, los vecinos y familias, junto a nuestros conocidos o negados por los rivales, conviviendo entre los enemigos más recalcitrantes u odiosos. Automatismos de nuestra mente, para dar respuesta a los temas desconocidos de su historia y evolución, fosilizados con invenciones o dudas existenciales, manipulaciones, que van arrinconando la razón en segundo término y el análisis científico. En pos de la división o la quiebra de todo.
Los actores y actrices de The Leftovers, han sido la esencia de nuestra confusión, nuestra familia sufrida, los amores o enemigos, silenciosos o tendenciosos, y la ruta vívida sobre la que se expresa toda duda metafísica.

Nos hemos ido amoldando a los recuerdos amontonados en su pasado, los sentimientos que estallaron por los aires, aquel día de marras, la jornada irrespirable en que se unieron el infierno y la tierra, sin vuelta atrás, que se chamuscaron las hojas de sus futuros.
Comprendiendo sus pensamientos universales, hemos intentado desentrañar su marcha plagada de trabas y alejándose de sus parcelas privadas, comprendido esas amenazas propuestas por sus creadores narrativos. Amenazados por los defectos aprehendidos en el dolor o por el toque de una vengadora trompeta desde los cielos.
Por eso, llegados a este tramo primordial, avanzamos en el nuevo viaje con ellos y sus extremas circunstancias, desde la pequeña institución sanguínea o amistosa, hasta abarcar todo el problema existencialista que comprende la historia del género humano y el sentido particular del amor. Entre dos, ventrículos desgastados.

A pesar de las pérdidas vitales en el camino, los abandonados en la cuneta y los pensamientos más retrógrados, la histeria colectiva en busca del Milagro, la sensación de no pertenencia, siempre una parte, ha ido encauzando la mirada a aquellos resortes ocultos o mágicos. Los que se mueven hacia la fantasía y a posiciones inimaginables, hacia la fantasía ética o el horror de hoy en día.
Sobre los últimos ocho, un número tumbado al infinito, descubrimos que el odio y el miedo fueron los motores, también inabarcables e inagotables. Observaremos el tratamiento moralizante que cesa ante el caos o el miedo, ante la actuación irracional, la violencia o las creencias sin base que la sostienen. Ahora, reemplazadas por las valientes posturas de los protagonistas, lejos de esos consejos interesados por diferentes posturas ideológicas o sociales, y buscando respuestas más físicas o extraordinarias. Interrogantes válidas despejadas por la ciencia ficción, a excepción de aquellos más atraídos por otro tipo de fe, que nunca serán derribados o convencidos (como vemos a diario). En contraposición a la participación de un descubrimiento azaroso, con ese destino encontrado ocasionalmente, cabalística entre imágenes oníricas o capas superpuestas, o sincronizadas en el tiempo.

Solo cabe esperar, algunos años más, dentro de la cabeza canosa a esos elementos oníricos entrelazados por un nexo secreto, no sabemos, si también común, a la espera de una danza encadenada o un tranquilizante ósculo que apacigua las almas en pena. Son ocho capítulos hacia el infinito, cada uno con su particular idiosincrasia.

El capítulo primero, The Book of Kevin.
Ha transcurrido el tiempo y todo parece una maldita broma. Las muertes y desapariciones (nos despedimos de Liz Tyler), recordando los avisos o supuestos indicios divinos de Jovan Adepo (Fences, Madre!), trasladan ecos de un pasado bíblico, muy lejano. Las fisionomías han cambiado con las conductas (de forma destacada en los personajes de Chris Zylka y Kevin Carroll), las familias se estrechan y los amigos se convierten en editores, sin pábulo.
El hombre de los perros (un misterioso y desequilibrado Michael Gaston), acaba como ellos, y el mundo se dirige a una catástrofe torrencial que arrastraría todo aquello que dejamos enterrado en aquel pozo sin fondo.
Hasta las decisiones más dolorosas y terribles, que pueda encarar un ser humano, son una broma al lado del brillo de su don (la interpretación y el alma de Justin Theroux en la serie) y dentro de siete días, una semana bíblica, se prepara un acontecimiento que embarga estos siete años desde la Ascensión.

Sin embargo, el tiempo nos demuestra que en determinados asuntos amorosos, existe el rechazo o la negación. Esa ley universal que nos enseña, a distinguir los recuerdos de la realidad próxima, que aunque sigan en nuestra memoria... se van diluyendo en gravedad, se sustituyen por otras vivencias o, simplemente, intentan ser olvidados... Pero, al igual que los pensamientos o encuentros de partícipes en una red social y globalizada, siempre reservan una especie de remanente ahogada y ahumada por el tiempo. Una especie de nube cargada de lluvia en el horizonte temporal.


El segundo versículo, Don´t be Ridicolous.
Nos hallamos más perdidos que nunca, aunque hayamos avanzado, los tonos han cambiado. Porque lo hemos hecho a ciegas, como pájaros acallados sin canto, sin el mapa del instinto. A través de una extensa y vieja, línea temporal. El actor Justin Theroux (se rumorea una aparición estelar en Star Wars: The Last Jedi), es su vida real comenta y aseveramos: "Todos podemos identificarnos con el miedo colectivo, en el mundo actual". Particularmente incluiría, ya que todos podemos llegar a ser "sobrantes".

Nora (notable interpretación de Carrie Coon que estará en la película Widows de Steve McQueen) o la otra en completa metamorfosis (la actriz Amy Brenneman), la desarrapada madre y la herida amante. Kevin y el otro, el policía traumatizado y el padre suicida. Coexisten en una inestabilidad evidente, dadas las coordenadas erróneas de su memoria y sus acciones traumáticas, deciden un respiro a Australia en busca de soluciones entre el mensaje diluviano y la experimentación científica. De ahí, saldrán tensiones (o acercamientos) que no podemos descifrar en un simple vuelo a motor o danza siniestra, como si fueran perfectos extraños. Lo que salga de aquí, será un misterio hasta el final.


Tres... Rey del Desierto (Crazy Whitefella Thinking).
Claro, el desierto parece otro mundo dentro del nuestro. Incluso, el viejo Kevin ha terminado persiguiendo sus propios fantasmas por el Outback australiano, con una trayectoria tan errática como la decisión salvadora del mundo y el ese pensamiento indeseable, del que no tiene nada ya que perder.
El viejo tomado por insensato en su cercanía vecinal, un gran Scott Glenn, el que correteaba desnudo persiguiendo una traza divina, se oculta tras conexiones apartadas del lugar que viera su crecimiento.
Comienza una travesía personal, sin demasiada conexión al resto, pero, a través de experiencias unidas como los granos del desierto con su hijo. Irá arrastrando la culpa de la humanidad y sintiéndose protagonista de su propia historia familiar, hasta que se da de bruces con la fragilidad de sus huesos o los huecos, aún por rellenar, la sed por donde se filtran las aguas de un libro inacabado. Su presencia allí, es el futuro reencuentro con su propia esencia perdida. La que pierde Kevin Jr., en su desdoblamiento al más puro estilo Agente Cooper.


La memoria está escrita en el firmamento estrellado, o borrosa bajo los efectos de diversas sustancias potenciadoras de la creatividad artística, en busca de la fuente de inspiración necesaria para recordar la letra de una canción. El libro de nuestra vida.

G´Day Melbourne, el cuarto menguante.
Kevin Garvey y Nora Durts, viajan aparentemente unidos a Australia, para dividirse a continuación en el espacio y el tiempo, con los ojos tapados por sus propias decisiones o debilidades. Descubrimos a una madre golpeada por el macabro destino, que no se deshace de aquellos queridos fantasmas, entre las cajas de una posible recreación a un mundo diferente, teatral y peligroso, que acabaran en una pelea sonora bajo las gotas de agua y la música de Take Me On... para qué, necesitamos más. Tropezando, cayendo... volviendo a levantarse.

Es la paráfrasis de una respuesta que quema su alma y su pensamiento, en un cuarto de hotel que no para de menguar y asfixiar, porque The Leftovers sigue moviéndose por los terrenos movedizos del sentimiento humano y nuevas revelaciones, que prometen ser tan devastadoras como las páginas de aquel libro cerrado, ojeado sin rumbo fijo.
Quizá no vuelvan a reencontrarse de la forma que esperaban con el amor, sí con la actriz holandesa Katja Herbers y la rusa Victoria Haralabidou (próxima habitante de WestWorld), unas científicas diferentes con unos métodos un tanto peculiares... porque algo se rompe siempre en el interior. Emocionalmente, si no pueden empezar de cero sus vidas, es decir, desde el ocaso de sus días.


La quinta ola... It´s a Matt, Matt, Matt, Matt Word.
Nadie (y digo nadie), se esperaba un capítulo como éste, ni aunque se hubiera tomado las sustancias del viejo Kevin en el desierto.
Un barco del Amor... trata la reproducción de una raza ancestral y la muerte, a través de la mirada de Matt Jamison (gran trabajo del actor británico Christopher Eccleston) formando un recipiente de cuatro esquinas (John, Michael y Laurie) que se adentran en un trayecto disparatado o profundo, con una deidad y un Rey de la Vanidades. Del curioso grupo, estos últimos solamente son poseedores de un billete válido para el extraño viaje y cierta hilaridad. Como los Inmortales, sólo puede quedar uno.

Esta visión viene patrocinada por un dedo divino o acusador, un grupo con reminiscencias hippies y un ente feroz con instinto criminal, de clase especial... en la que unos buscan la procreación y la génesis, y el otro, una cura para el desastre, la fuga anónima y las palabras prepotentes de un Dios... El ciclo de la carne, atravesado por las balas.
Matt busca la redención en su sabiduría, pero acaba quemándose en su propio infierno y la egolatría de su escenificación semántica. Lo retorcido de las palabras, en busca de una respuesta que simplifique las cosas y sus creencias, más allá del contexto dramático de los individuos o amistades en peligro.


El hombre de fe que, en aquel primer episodio de la Ascensión, no parecía tener demasiada relevancia, ahora se ha convertido en un humorista... a su pesar y nuestro placer.

El sexto día, Certificied.
Todo parece desgajado, amantes y hermanos en diversos viajes (recordemos a Chris Zylka y Margaret Qualley, incluso el mundo tras una devastadora onda expansiva, que contamina todo a su alrededor con trazas del viejo Diluvio. Así, un escape temporal a una casa campestre se transforma en un viaje solitario hacia la vejez... sólo acompañada por tus palomas y sus mensajes románticos.

Laurie Harvey se desplaza en el caos, tras acordar entre todos que Kevin debe morir (aunque no como el simpático amigo de South Park), con tranquilidad aparente y un extraño sentido del humor. Para intentar ayudar a sus amigos en sus respectivos caminos, quizás, sea conveniente explicar toda su aventura en los Remanente, convergentes silenciosos con una única vía o salvación. Quizás, la respuesta esté en la oscuridad de las aguas ante la descomunal hazaña de su sucesora en el corazón y los designios que el agente viajero y desdoblado, tiene en la mente. Mejor eso, que el predecible choque de trenes entre ambas. Pues, la empresa maternal que embarga a Nora y Laurie, debería ser comprendida y restañada o reparada definitivamente. Demos gracias... a John Lee Hooker.


Séptimo, día del diluvio. The Most Powerful Man in the World (and his identical twin brother)...
Nos adentramos en el capítulo no escrito del libro del hombre más poderoso del mundo, con nueva odisea inesperada o viaje onírico, a este mundo paralelo de sensaciones viciadas o decisiones que marcan nuestros pasos futuros, los suyos quiero decir....
El silencio de los corazones, se rompe con un marcapasos al ritmo de nuestra respiración y pensamientos, semejante a los pulsos de nuestra sangre envenenada durante años.
En esta ocasión, guiado por la tercia mano del director Craig Zobel y actores como Damian Hill o Alison Bell, participando y marcando una distancia insalvable con la mirada concisa o surrealista de Mimi Leder, protagonista esencial y espiritual de muchos versículos de esta The Leftovers. Su próximo trabajo será la dirección del filme On the Basis of Sex, con Felicity Jones, Armie Hammer, Kathy Bates y Justin Theroux... desde luego, ya hay ganas de verlo.

Aquel que estaba destinado para señalarse como llave, se mira al espejo de otra realidad descubierta, enfrentado a sus sentimientos y el poder, mediante la ruptura de esa válvula sibilina que le mantiene con vida. O aferrado a ventricular y auricularmente a su actual pareja, ahora en otro lugar. Desubicada, que no huida. Como él mismo. Como aquel Noviembre.


8. The Book of Nora.
El Libro de Nora, no es un aviso, es una premonición que quedó instalada en su corazón, hace mucho tiempo como una enfermedad que va minando tu memoria. O ese aire en tus pulmones que se abre de par en par, ante el desconocido conocimiento. Para recordar aquel baile que quedaba pendiente, el beso colgado de un cigarrillo y un puñado de luces de colores sobre la pista acondicionada para la gran fiesta o traca final.

Semejante a un castigo que debe ser levantado o perdonado, en brazos de una canción romántica, en busca de una nueva vida a lado de la paz, la integridad o la inocencia.



El Diluvio...
No es mi condición ni misión, teorizar a raíz de lo que la serie The Leftovers y Tom Perrolta, nos han enseñado durante esta odisea única e intransferible. Por lo que, cada uno, tiene que sacar sus propias conclusiones y, posiblemente, intentar traducirlas en sus propias vidas. Tristes o increíbles, existencias.

La pérdida es esa sensación que se va disolviendo como la emulsión de una fotografía antigua, más en unos individuos que en otros, pero nunca termina por borrarse del todo de nuestras vidas, grabada a fuego en nuestros corazones o un simple arañazo. Sin dolor... apenas.
Sólo restan las sensaciones de un notable serie, atrás quedaron las fuentes dadaístas, las consecuencias de un mundo dividido entre Bien y Mal, lecciones de Charles Fourier o el Marqués de Sade, entre el pensamiento crítico o el castigo sádico con nosotros mismos.
Alejados del genio apocalíptico sobre nuestros actos, las consecuencias de nuestros actos y el arte conceptual tocante a lo religioso o relativo a una presencia divina, por una secuencia más terrenal, pero con difícil respuesta científica.

Ya no es necesaria la métrica para la poesía, ni el papel para las comunicaciones, hemos arrojado a la basura, al triturador de mensajes en papel, todos los miedos y las cajetillas de tabaco con imágenes de enfermedades horribles, la represión psicológica, a la manipulación y la esclavitud, el asedio a lo diferente o práctico, a la sexualidad practicada con amenazas y abusos... el pánico a la singularidad o la muerte, las muestras de odio y descalificaciones personales, la vacuidad de algunas ideas, el daño injustificable a los animales, la conversión interesada de escritos y alamas... el poder del estado o la religión, a la arcaica ciudad de Sodoma o Gomorra, a la transgresión gratuita del pensamiento, al enfrentamiento familiar o racial, a esa división categórica entre vivos, meditabundos y muertos... moribundos psíquicos o enfermos desahuciados, viejos arrinconados, suicidas, el dolor o el sufrimiento, la pesadilla del débil o víctima, el dramatismo metafísico, la amenaza de la guerra y la radiación, el diluvio y la actitud pecaminosa, la soledad y la luz de un último amanecer... el Sol.

Su calor, acercándose a la respiración de un momento íntimo, el suave tacto o roce de piel, el sabor de las lágrimas o un traspaso de esencia en los labios. El rostro de un ser poderoso con características humanas, como respuesta a ´casi` todo. Bienvenido, al Amor con mayúsculas.


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