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sábado, 5 de agosto de 2017

Alien: El 8º Pasajero / Aliens.

Al final de los 80, el terror llegó del espacio

Un joven director británico, Ridley Scott, idea junto a el productor y director Walter Hill (Forajidos de Leyenda, Danko) y el diseñador gráfico y pintor surrealista, el suizo Hans Ruedi Giger, una de las películas más terroríficas de la historia.
Se encargan de crear un mundo, por entonces nunca visto en la pantalla, donde la humedad, la viscosidad y la obscuridad hermética, son los protagonistas del film. También de una estrella emergente, que brilla más allá de los demás, aunque, cada uno concentra su propia energía interpretativa. ¡Welcome to Space, Sigourney Weaver!

Además, diseñan un Alien demoledor en nuestras pesadillas (no en la pantalla) que desaparece físicamente en muchas escenas, para enfrentarse a una heroína de carne y hueso, inspirada en diosas escénicas. De concepción vital en el interior de los cuerpos humanos y efectos demoledores. Inspirándose en las enseñanzas de Hitchcock, nos oculta casi totalmente al monstruo entre las sombras y los vapores en su edad adulta. Pero, consigue una entrada estelar como alevín, en una de las escenas del cine de terror y ciencia-ficción, más recordadas de la historia moderna y próximos viajes a los confines del universo.

En el set del plató, Scott oculta a los propios actores protagonistas, lo que va a suceder. Su criatura se reserva para los paladares más críticos. Para mantener intactos, los mecanismos del efecto manufacturado y las salpicaduras de sangre. Así, lo demuestra el gesto aterrorizado de Verónica Cartwright (actriz en Los pájaros, de A. Hitchcock), que jura en arameo extraterrestre.
Dejando aparte esta escena espectacular y sanguinaria, como dije, me parece que Alien bebe de la sabiduría del gran maestro, ya que se basa en el suspense, en las tinieblas y bufidos, los ruidos inquietantes y la expresión de los actores. El sudor en el frío estelar, las filtraciones de vapores, la condensación en cristales, y con un decorado de alto contenido sexual subliminal, creado por H.R. Giger que otorga ese impulso conceptual redondeando la ambientación.

Destacable, también, el protagonismo de la música del mítico Jerry Goldsmith. Mayúscula partitura minimalista, entre el sueño y la pesadilla estética.
Solamente, veríamos al Alien, en una secuencia rápida frontal, donde el disfraz del nigeriano de dos metros, Bolaji Badejo, cantaba escandalosamente; la escena con el gato de protagonista donde nos cortaba la respiración y el inolvidable final con Sigourney ´Ripley`, donde estábamos más pendientes... ejem, de otras cosas más calientes, que aquella masa viscosa y húmeda desenredándose. ¡O no!

Alien, el 8º Pasajero.

Corría el año 79, apenas dos después a Star Wars y cinco antes de que Terminator llegara a la Tierra y se diese un baño de multitudes estelar. Cuando algunos jóvenes espectadores se vieron absorbidos sustancialmente, por el guion de Dan O´Bannon y Ronald Shusett y la sorprendente aparición de una criatura que, no surgía del frío o la literatura clásica. Sino que, su crecimiento metabólico se alimentaba con las nuevas perspectivas de un viaje a los límites del cosmos y emitía el terror en cualquier confín del universo. Algo, pocas veces visto entonces, pues la mayoría de expediciones fueron formuladas en sentido contrario, cuando las invasiones extraterrestres y literarias, venían e instalaban en nuestro hogar para enseñarnos su inteligencia y hambre, sus armas personales o elaboradas con tecnología, capaces de destruir o conquistar un planeta.
Aquel colono o invasor, era diferente, semejante a un miembro revolucionario o evolucionado de la prehistoria, confeccionado a base de piel viscosa y huesos protegidos de una coraza, al estilo de los engendros cableados y entubados, que recorrían los seres sexuales y algo demoníacos, del artista suizo H.R. Giger con sus surrealistas conceptos, pero, regados con tripas y ácido sanguíneo, no sabemos si con material ribonucleico.

Aquella mirada de velocirraptor voraz, garras para destripar, látigo acabado en pica huesuda, fuerza descomunal y adaptación a las diferentes condiciones ambientales, reproducción asistida, gestación ovípara y siniestra, sexto sentido de instinto ´escuálido`, resorte mandibular coronado de dientes afilados, mala sangre y crecimiento des-comunal en comuna... soportaría el tamaño de un planeta o mundo perdido, y el peso de la supervivencia. Significaba un gran descubrimiento biológico para buscar remedios a nuestras debilidades, y un residuo de la Prehistoria con genética cocinada singularmente, por la consabida evolución de las especies, o no.

Esta cinta humilde, apenas 11 millones de dólares de inversión, se reproducía por 7 y se alimentaba de la tensión extraterrestre. De nuestro miedo psicológico entre las estrellas, que serviría para la consagración del director de South Shields, Ridley Scott, como la siguiente avanzadilla de una diferente generación de duelistas de la cámara dentro del cine moderno. Creadores de monstruos evolucionados de aquellos clásicos que sorprendieron por su capacidad conceptual y la imaginación para clonar nuevos espacios o elementos discordantes de inteligencia artificial. Una nota de color rojizo, con sombras perfeccionadas para alimentar los miedos intrínsecos a la infancia, soledad en un recinto cerrado, vapores y sudor, puertas hidraúlicas y cadenas chorreantes engrasadas con babas, presencias invisibles, con un engendro que atacaba de repente y se reproducía de forma violenta, como una víbora venenosa o un insecto desproporcionado, un soldado de un enjambre que defendiera a su reina.
En definitiva otro duelo épico contra la enorme Sigourney Weaver.

Condicionamientos de aquel rodaje...

Ellos se acercan con precaución a un destino vaporoso, oscuro y profundo, sobre la luna cercana a un gigante de tonalidades amarillo-azuladas, encontrándose casi de inmediato con una visión enorme y grisácea. Un navío anclado no se sabe hace cuánto tiempo, herrumbroso y destartalado por el impacto, que no avecina la forma violenta de cómo pudo llegar hasta allí, ni qué tipo de inteligencia lo dirigía. Sólo la estructura fósil de un viajero espacial de aspecto humanoide, doblando la estructura de los seres humanos, y que años después, descubriríamos como auténtica deidad al borde de la decapitación integral y provocando la expansión de su información genética a una catarata de naturaleza casi mágica.

Aunque, eso, transcurrió a finales del siglo XXI y sería descubierto en el pasado por otra tripulación navegando a bordo de la Prometheus, completando un círculo que empieza estructurarse ahora... primero, nos centraremos en estos siete héroes actuales y su mascota gatuna (podría ser el pasajero ocho, más bien, no)... nos adentramos, con los ojos bien abiertos sobre estos espacios alucinantes, con conexiones narrativas con Dark Star de John Carpenter y la futura Dune de David Lynch, al son aspirado de la banda sonora de Jerry Goldsmith, o los arquetipos gráficos, eclépcticos y surrealistas, del dibujante francés Jean ´Moebius` Giraud.
Una aventura que pasaría a ser considerada como terrorífica, adelantada a nuestro tiempo, con la que nos encaramamos a una vista existencialista de la supervivencia. Aquel aviso de ayuda, se convertiría en una advertencia desgarradora, pues: "en el vacío, no se podrán escuchar sus gritos".

Tras estas increíbles vistas espaciales, las máquinas computerizadas por Madre y su discípulo clónico, se interesan sobre manera con las novedosas estructuras y su contenido vital, demostrando que la inteligencia artificial puede tener otras perspectivas espectaculares y dramáticas, que marcaron su destino y la división de su corteza imaginativa, debido a una curiosidad individualista y un aprendizaje polémico. Fue el comienzo de unas especulaciones más evolucionadas... y de todo lo demás.
De la apertura anticipada de aquellas cabinas de criogénesis, y del descubrimiento de su apartada localización, de una misión sangrienta, de contingencias relacionas con los sueños y futuras pesadillas que retornan con El Regreso, de muchos otros. De quejidos animalescos que perforan los tímpanos y queman con su sangre (la sección del guion que sería silenciada y luego, reventada en vivo), de los designios creativos de un grupo de visionarios, cerebros no programados para lograr retos e ideas oscuras, estrategias de un futuro que deberemos enfrentar, tarde o más temprano. La sombra estratégica de un hacedor sintético, recreaciones de estancias con válvulas hidraúlicas, golpes y sonidos de cadenas, su grito, sótanos metálicos y húmedos, maullidos defensivos, puertas automáticas que no cierran en el instante oportuno, o sirven de lanzadera para desechos biológicos, ya reconocidos, al igual que una nueva héroe.

Aquella nave espacial Nostromo, se diseñó como entramado de pasillos, condensación y luces de emergencia rojizas, de alaridos apagados, estancias con conversaciones existencialistas, mientras el vacío rodeaba a los protagonistas y no dejaba escapar ningún sonido monstruoso, más allá de aquel otro monstruo metálico. Incluso, la ocultación de otro rastro perdido sobre el terreno en terraformación, provocaría susurros inalcanzables por cualquier oído o comunicación humana, a millones de años luz de la Tierra.
No fue una pesadilla, sino una evidencia, que produciría la gran tragedia, como el salvaje oeste vencía a los sencillos colonos que buscaban otra tierra para el desarrollo de sus familias. Ripley, tuviste que volver vestida de pistolera, protectora o guerrera dotada con armadura mecánica, para descubrir a una pequeña sustituta de la muerte concebida, en un salto temporal enorme para ti y para nosotros. Aquel segundo avistamiento, conlleva una carga personal y un equipo de marines adiestrados, no tan románticos como los siete primigenios, pero con su particular manera de pensar o ser (uno de ellos, el temeroso Bill Paxton recientemente fallecido) y con sus armas incompatibles con salpicones de ácidos o indefinibles comentarios carentes de demasiada inteligencia. Sólo mucha acción al mando del nuevo capitán, James Cameron (supervisor de efectos especiales para Roger Corman), adiestrado en amenazas cyborg y aprendiendo para definir otros seres abisales, fuerzas bélicas con tecnología futura y esencias agrupadas en comunas, hormigueros, colmenas...

Esta conexión misteriosa, produce restos viscosos de aquel ser, de aspecto xenomorfo y fluidos insaciables de cazador, como un agresivo velocirraptor de sustancia sulfurosa, dispuesto a merendarse a cualquiera guiado por una misión suicida. O una colonia pretérita bajo una mente experimental, de la que no se salva ni el "tato", porque el gato sí que respira, en un salto mayor a medio siglo, a salvo y coleando.
Luego, la esencia vital del Alien, se perdería en reclusiones de almas y extraños, pero divertidos Guardianes de la Galaxia, vistos ahora. Con diseños que sufrirían varios grados de separación con el suspense de Ridley Scott y sus esfuerzos actuales para regresar a la historia. Significaría la pérdida del cabello por invasiones de piojo, y el comienzo de un gran creador como el director David Finncher, pero, también una pesadilla cinematográfica y agorafóbica, de tonos apagados u ocres, suciedad de un antro espacial, limitación de conceptos narrativos, persecuciones alocadas por diferentes medios, tal que colosos en llamaradas (sin puerta de Tanhausser ni anillos de Orion) o espectáculos de otras épocas al estilo Titanic o Poseidón, y otras criaturas con instinto de Leviatán de las profundidades... Aquel Alien diseñado para invadir y arrasar en próximos paraísos, que proclamaban diversión metafísica y quedó en extravagancia visual. Aunque, a continuación el gamberrismo espacial se extendiera a través de una mente preclara, como la del galo más surrealista Jean-Pierre Jeunet.

Visionándola de nuevo, en cualquier época actual, Alien el 8º Pasajero, sigue siendo una obra maestra del scify y el terror moderno... con permiso de la majestuosa Blade Runner.

Datos curiosos del film:

- El director Walter Hill, sería el encargado del comienzo del rodaje.
- El guionista Dan O´Bannon, se basó para la historia de Alien, en unos gremlins que en la Segunda Guerra Mundial, averiaban un bombardero y liquidaban a la tripulación.
- Nostromo: nave de carga remolcadora de 243,8 metros.
Nombre proveniente de la novela homónima de Joseph Conrad, donde así denominaban los pilotos maestros de barcos. También, escribió "Los duelistas".
- El nombre original del carguero es Leviatán: Bestia marina del Antiguo Testamento, asociada a Satanás y creada por Dios. "En ese día, el Señor castigará con su espada grande y de gran alcance, Leviatán la Serpiente que se desliza, Leviatán la Serpiente enrollada; Él destruirá al monstruo del mar".
- El Alien, es denominado polizón. Habiendo así, una reciprocidad en el término espacio con el mar.
- El efecto corrosivo de la sangre alienígena, fue una mezcla de cloroformo, acetona, ciclo-hexilamina y ácido acético sobre una base de Styrofoam.
- En los años ochenta, una industria incipiente, la informática y la inteligencia artificial está en auge. Al piloto automático de Nostromo se le da el nombre de Madre.
- Parte de los decorados y el alien, se basan en su obra pictórica "Necromon V" del suizo-polaco Hans Ruedi Giger, ganándose un merecido Óscar al mejor diseño de decorados.
- El mítico anuncio promocional, no presagiaba ningún aspecto definitorio del film. Por lo que el público primerizo, desconocía su trama, sólo un huevo quebrándose, liberando luz amarillo-verdosa y vapor. El lema: "En el espacio, no se escuchan sus gritos".
Genial.

***** Excelente *****

Aliens: Curiosidades de xenomorfos.

No siempre segundas partes fueron malas... dijo no sé quién.
Aquella terrible invasión en las alturas de la creación, no podía ser olvidada, sin enviar una misión de acción que investigara los orígenes de un posible foco infeccioso o una presencia incómoda. Por tanto, el director Ridley Scott formó un pequeño grupo o avanzadilla bélica, armada hasta los dientes que intentaría llevar a la teniente Ripley al lugar de sus pesadillas, para combatir a la criatura que segó las vidas de su tripulación en la nave....
En esta ocasión, los soldados forman parte interesada de esta expedición a la colonia atacada, con otra mente clonada que demuestra interés por el instinto de supervivencia y la calidez de las relaciones humanas, con nuestras emociones, dudas intrínsecas y, también, con nuestras deficiencias conceptuales o errores fundamentales. La guerra siempre ha sido parte de nuestra existencia, de los enfrentamientos raciales, de la lucha entre especies para no ser exterminadas o borradas de la faz de la Tierra, disparado para ser descubierto.

Proporciones de la segunda invasión xenomorfa.

Siete años después, el novel director James Cameron convence al elenco inglés de este film y a los productores Scott y Hill, de su valía. Mostrándoles un visionado de su anterior trabajo "Terminator".
Tendría muchos problemas, por su forma de trabajar, con el protagonista de la cinta Bill Paxton, recordado con su arma al hombro y recientemente fallecido este mismo año 2017. D.e.p. En cambio, esa tensión se confunde entre tanta testosterona que preconizaba el cartel "Es tiempo para la guera" y la labor profesional de los soldados. Se echa en falta alguna mente menos proteíca y desnaturalizada, aunque en ella, milite el sintético bondadoso y reprogramado, interpretado por un notable y medido actor como el neoyorquino Lance Henriksen.

Quizás un punto por debajo a la primera, es decir, mantiene el suspense y el ritmo, mas se repite en la estructura narrativa. Por tanto, el filme no desmerece en su función de entretenimiento, ni limita el suspense a su predecesora. Continuación, con personajes algo menos mitificados.
Luego, el terror sigue ahí, pero da paso a la divertida acción y al producto más pirotécnico. Sin embargo, dota a la historia de unas secuencias resolutorias de la vida alienígena muy acertadas, convenciéndonos que su ataque tiene una verdadera misión por descubrir. Será en el futuro o no será, puede que con Prometeo en el pretérito imperfecto...

Sigourney es la estrella de la época, y el cyborg, ahora interpretado por Lance Henriksen crece en notoriedad. Los aliens comunales y los marines harán el resto.
Los actores principales tuvieron que leerse "Starship Tropers" y tener un entrenamiento militar. Mientras, que Cameron desesperó en el casting para encontrar a la niña, pues muchas reían al terminar sus diálogos.
Al final, solo actuaría en esta única película, pero se haría amiga de Sigourney Weaber y la acompañaría en otros estrenos posteriores.
Así, la lucha final contra la reina madre, (quizás lo que no pudo hacer Ridley Scott por los recortados medios), infundiría el poderoso clímax con increscendo agobiante, que será recordado siempre por los amantes del género.
Apoyado en la música épica, esta vez, de James Horner.

**** Notable ****

El suicidio de la saga

Por último, seis años después a Aliens y con guión del propio Walter Hill, un desconocido director (ahora gigante), entra de lleno en la saga, se trata de David Fincher.
Bastante más floja que las anteriores, esta tercera no alcanzaría las expectativas.
Lo más destacable a mi juicio, sería la ambientación diferenciada con las dos primeras entregas de esta odisea espacial y vital, lo que lastra visualmente el mundo creado por el pintor y escultor suizo, el surrealista H.R. Giger. Como en el carácter conceptual de Prometheus y Covenant.

La historia es original, pero los esfuerzos son baldíos, no conseguirá los momentos de suspense ni el poder de atracción de antaño. También, de destacar algunas interpretaciones y las pesadillas recurrentes de la heroína y tripulante de la USCSS Nostromo, nacida en Olympia (Luna) en el año 2092, la Teniente Ellen Ripley.
Curiosidad: Cuando Ridley Scott, da nombre a la compañía militar y armamentística, utiliza los apellidos de dos vecinos merecedores de su antipatía, Wegland-Yutami.

*** Pasable **

Un comentario breve, a la descastada y alocada cuarta entrega, con un equipo de locos de diferentes personalidades que establecen diversión sin fronteras y dosis de "macarrismo" ilustrado con divertido gore. Bien dirigida por un creador natural del departamento del Loira (región alpina del Ródano francés), Jean-Pierre Jeunet en 1997. Lo mejor es este grupo irreverente, que se decide por seguir a una Sigourney más atlética, disyuntiva y poderosa de lo habitual por estos páramos a miles de kilómetros de la Tierra.
En ella se nos ofrece otra visión francamente inverosímil, jocosa y delirante, de conversiones genéticas con aliens y encerramientos dudosos, de disparos en el interior de una nave, rostros conocidos y posicionamientos salvajes, taquicardias coloristas en persecuciones desenfrenadas por decorados irreconocibles en la saga de Ridley Scott. Un producto naif con mentalidad europea (francesa por descontado), eclecticismo estético y cierta corrosión en los minutos finales. El monstruo o criatura se estira como un chicle y ya no pega...

La trama ocurre 200 años después, y la compañía Weyland, ya no existe. Es cambiada por una fuerza militar denominada United Systems Military.
Estos monstruos cambian el terror por las risas, y los xenomorfos en depreciación ascendente hacia esa criatura deformada y poco temible. Sin embargo, no empaña la diversión de la primera hora y las ocurrencias de este equipo que ha crecido en el tiempo y se desenvuelve con gracejo de nivel internacional. Precursores de nuestros Guardianes de la Galaxia más modernos... de acuerdooo, no tanto, que nacieron en 1969 de la pluma del atípico dibujante Gene Colan. Pero, recordemos: una dulce sintética con Winona Ryder, el lustroso y alocado galo Dominique Pinon, un racial tirador por Gary Dourdan, el canadiense salido de El Cuervo, Michael Wincott. El incombustible Dan Hedaya, uno de los mejores traseros en el espacio, el de la bailarina y actriz Kim Flowers, el contagioso Leland Orser y J.E. Freeman fallecido hace 3 años(Corazón Salvaje, Muerte entre las Flores).

Para el final, me dejo a dos personalidades dentro del fantástico, el rebelde Brad Dourif jugando a cabrear alienígenas y un camorrista Ron Perlman, sin libros, rosarios ni rosas. Pero, más camorrista que nunca y divertido. Si bien, Sigourney le deja a la altura del betún, en manejo de pelotas... de basket, ¡claro!

Curiosidad: En este film, Bishop interpretado magistralmente por Lance Henriksen en el pasado, se significa como fundador de la compañía militar, cuando en Aliens III, se esclarecía que el fundador había sido un empleado humano llamado Michael Bishop. Clonado, clonado y vuelto a clonar. No me extraña lo más mínimo, magnífico actor.

Tras años, se introdujo otra derivada y una devaluada secuela de Alien vs. Predator, de la cual mejor no acordarse demasiado. Curiosamente dirigida por Paul W.S. Anderson, el mismo que se calzara esa pesadilla conceptual llamada Horizonte Final, aquí con un resultado demasiado comercial y alien-dimórfico. Hasta la próxima, xenomorfos.

Por los pelos... Miau


Alien Soundtrack, de Jerry Goldsmith.




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